5 5 O 7
EL TEATRO.
DE OBRAS DRAMÁTICAS Y LÍRICAS.
LOS HIJOS^DE LA COSTA,
ZARZUELA EN TRES ACTOS T EN VERSO.
MADRID:
OFICINAS: PEZ, 40, 2.
1871.
_
CATALOGO
DE LAS OBRAS DRAMÁTICAS Y LÍRICAS DE LA GALERÍA
Al cabo de los años mil.
Amor de antesala.
Abelardo y Eloísa.
Abnegación y nobleza.
Angela.
Afectos ae odio y amor .
Arcanos del alma.
Amar después de la muerte.
Al mejor eazador...
Achaque quieren las eos as.
Amor es sueño.
A caza de cuervos.
A caza de herencias.
Amor, poder y pelucas.
Amar por señas.
A falta de pan....
Articulo por artículo.
Aventaras imperiales. .
Achaques matrimoniales.
Andarse por las ramas.
A pan y agua.
Al África.
Bonito viaje.
Boadicea, drama heroico.
Batalla de reinas.
Berta la flamenca.
Barómetro conyugal .
Bienes mal adquiridos.
Bien vengas mal si vienes solo.
Bondades y desventuras.
Corregir al que yerra.
Cañizares y Guevara.
Cosas suyas.
Calamidades.
Como dos gotas de agua.
Cuatro agravios y ninguno.
iComo se empeñe un marido!
Con razoa y sin razón.
Cómo se rompen palabras.
Conspirar con buena suerte.
Chismes, parientes y amigos.
Con el diablo á cuchilladas.
Costumbres políticas.
Contrastes.
Catilina. -
Carlos IX y los Hugonotes.
Camioli.
Candidito.
Caprichos del corazón.
Con canas v polleando.
Culpa y castigo.
Crisis matrimonial.
Cristóbal Colon. "
Corregir al que yerra.
Cleraentina.
Con la música á otra parte,
uara y cruz.
Pos sobrinos contra un tío.
D. Primo Segundo y Quinto.
Deudas de la conciencia.
Don Sancho el Bravo.
Pon Bernardo de Cabrera.
Dos artistas.
Diana de San Román.
v>. Tomás.
De audaces es la fortuna.
Dos hijos sin padre.
Donde ñipóos se niensa...
J). José. Pope y Pepito.
Dos mirlos blaucos.
Deudas de la honr
De la mano ala boca.
Doble emboscada.
El amor v la mode-
lista loca!
EL TEATRO
En mangas de camisa.
El que no cae... resbala.
El niño perdido.
El querer y el rascar...
El hombre negro.
El fin de la novela.
El filántropo.
lil hijo de tres padres.
El último vals de Weber.
El hongo y el miriñaque.
¡Es una malva!
Echar por el atajo.
El clavo de los maridos.
El onceno no estorbar.
El anillo del Rey.
El caballero feudal.
¡Es un ángel!
v El 5 de agosto.
El escondido y la tapada.
El licenciado Vidriera .
¡En crisis!
El Justicia de Aragón.
El Monarca y el Judio.
El rico y el pobre.
El beso de Judas.
El auna del Rey García.
El afán de tener novio.
El juicio público.
El sitio de Sebastopol.
El todo por el todo.
El gitano, ó el hijo de las Alpu
jarras.
El que las da las toma.
El camino de presidio
El honor y el dinero.
El payaso.
Este cuarto se alquila.
Esposa y mártir.
El pan de cada dia.
El mestizo.
El diablo en Amberes.
El ciego.
El protegido de las nubes
El marqués y el marquesito.
El reloj dé San Plácido.
El bello ideal.
El castigo de una falla.
El estandarte español en las cos-
tas africanas.
El conde de Montecristo.
Elena, ó hermana y rival. »
Esperanza.
El grito de la conciencia.
¡El autor! ¡El autor!
El enemigo en casa.
El último pichón.
El literato por fuerza.
El alma en un hilo.
El alcalde de Pedroñeras.
Egoísmo y honradez.
El honor de la familia.
El hijo del ahorcado.
El dinero.
Kl jorobado.
El Diablo.
El Arte de ser feliz.
El que no la corre antes...
El loco por fuerza.
El soplo del diablo.
El pastelero de Paris.
lüiror parlamentario.
Faltas juveniles.
Francisco Pizarro.
Fé en Dios.
Gaspar. Melchor y Baltasar, ó el
ahijado de lodo el ni
Genio y figura.
Historia china.
Hacer cuenta sin la hi
Herencia de lagrimas,
Instintos de Alarcon.
Indicios vehementes
Isabel de Médicis.
Ilusiones de la vida
Imperfecciones.
Intrigas de to< ador.
Ilusiones de la vida
Jaime el Barbudo.
Juan Sin Tierra.
Juan sin Pena.
Jorge el artesano
Juan Diente.
Los nerviosos.
Los amantes de Chin
Lo mejor de los dado
Los dos sargentoi es]
Los dos inseparables
La pesadilla de un es
La hija del rey Reno
Los extremos."
Los dedos huéspedes
Los éxtasis.
La posdata de una cei
La mosquita muerta
La hidrofobia.
La cuenta del zapatea
Los quid pro quos.
La Torre de Londres.
Los amantes de Teru
La verdad en el espe
La banda de la Condi
La esposa de Sancho i
La boda de (Jucvedo.
La Creación y el Diki
La gloria del arte.
La Gitanilla de Mad
La Madre de San Feí
Las flores df Don Jm
Las aparencias.
Las guerras civiles.
Lecciones de amor.
Los maridos.
La lápida mortuoria
La bolsa v el bol sil le
La libertad deFloreí
La Archi.duquesita.
La escuela de los am
La escuela de los peí
La escala del poder.
Las cuatro estacione:
La Providencia. s
Les tres banqueros.
Las huérfanas déla C
La ninfa Iris.
La dicha en el bien aj
La muier del pueblo
Las bodas de Camacl
La crnzdel misterio
Los pobres de Madrii
La planta exótica.
Las mujeres.
La unión enAfrlca.
Las dos Reinas.
La piedra filosofal.
La corona de Castlla
La calle de la Monter
Los pecados de los pa<
Los infieles.
I os moros del Riff.
LOS HIJOS DE Lk COSTA
OBRAS DRAMÁTICAS
DON LUIS MARIANO DE LARRA,
El amor y la moda.
El toro y el tigre.
Un embuste y una boda.
Todo son raptos.
Pedro el marino.
El cuello de la camisa.
En palacio y en la calle.
Las tres noblezas.
Quien á cuchillo mata.
Á caza de cuervos.
As en puerta.
Los dos inseparables.
Una nube de verano. (Tercera edición.)
Lanuza.
Entre todas las mujeres.
Sapos y culebras.
Una Virgen de Murilio (1).
El beso de Judas.
Una lágrima y un beso.
Juicios de Dios.
La flor del valle. (Segunda edición.)
La pluma y la espada.
Batalla de Reinas.
El amor y el interés. (Tercera edición.)
La planta exótica. (Segunda edición.) '
La paloma y los halcones.
El rey del mundo.
La perla negra.
La oración de la tarde. (Sexta edición.)
Los lazos de la familia. (Tercera edi-
ción.)
Rico de amor.
Barómetro conyugal (2).
La bolsa y el bolsillo (2).
El Marqués y el Marqnesito.
Los infieles (3). (Segunda edición.)
La agonía. (Segunda edición.)
Flores y perlas. (Tercera edición.)
Dios sobre todo.
Las hijas de Eva. (Tercera edición.)
El hombre libre.
La primera piedra.
Estudio del natural.
La cosecha.
La conquista de Madrid. (Segunda edi-
ción.)
Cadenas de oro (4).
Una revancha.
La ínsula Barataría.
Punto y aparte.
En brazos de la muerte!
¡Bienaventurados los que lloran! (Ter-
cera edición.)
El bien perdido.
Oros, copas, espadas y bastos. (Terce-
ra edición.)
Los órganos de Móstoles.
Los infiernos de Madrid.
El ángel de la muerte -
La varita de virtudes.
Los misterios del Parnaso.
El Becerro de oro.
Los hijos de Adán.
El árbol del Paraíso.
Los hijos de la costa.
OBRAS NO DRAMÁTICAS.
Tres noches de amor y celos. Novela en dos tomos.
La gota de tinta. (Segunda edición.) Novela en dos tom<
El libro de las mujeres. Obra traducida en un tomo.
(1) En colaboraron con D. Luis de Eguilaz.
(2) ídem con P. Ventura de la Veg-a.
(3) Tdem con 1). Narciso Serra.
(4) ídem i'on D. Ramón de Navarrcle,
LOS HIJOS DE LA COSTA,
ZARZUELA EN TRES ACTOS Y EN VERSO,
LETRA. DI
DON LUIS MARIANO DE LARRA,
MÚSICA. DK
D. MIGUEL MARQUÉS.
Representada por primera vez en ex Teatro de la Zarzuela el
dia 10 de Febrero de 1871.
MADRID.
IMPRENTA l)B JOSÉ RODRÍGUEZ, CALVARIO, 18
PKKSONAJRS. ACTOMRS.
NELLA Sta. l).a Pilar Bernal.
IS\BEL Sta. Franco.
ANDREA Sta. Soldado.
FERNANDO Sr. Dalmau.
CARLOS Sr. Loitia.
NASONI...., Sr. Miró.
EL CAPITÁN Sr. Crespo.
UN CENTINELA
Soldados, pescadores, hombres, mujeres y niños, etc.
La escena pasa en Sicilia, durante la domina-
ción francesa, los dias últimos de Marzo de
1282.
El pensamiento de los dos primeros actos de esta zar-
zuela está tomado de una obra francesa.
Esta obra es propiedad de su autor, y nadie podrá, sin su ' per-
miso, reimprimirla ni representarla en España y sus posesiones
de Ultramar, ni en los paises con quienes haya celebrados ó se ce-
lebren en adelante tratados internacionales'de propiedad literaria.
El autor se reserva el derecho de traducción.
Los comisionados de las Galerías Dramáticas y Líricas de los
Sres. Gullon é Hidalgo, son los exclusivos encargados del cobro de
los derechos de representación y de la venta de ejemplares.
Queda hecbo el depósito que marca la ley.
ACTO PRIMERO.
La aldea de Mascali al pie del Etna. Á la izquierd a
del espectador, en primer término, la entrada de
una hostería: sobre las rocas del foro del mismo
lado un magnífico convento. A la derecha una fuen-
te rodeada de un grupo de árboles frondosos, y más
lejos el camino que baja de la montaña. La fuente
es verdadera y todas las montañas y rocas prac-
ticables.
ESCENA PRIMERA.
ANDREA, FERNANDO, PESCADORES, que entran en escen
con el arpón en la mano y las redes al hombro.
MÚSICA.
Pesc. Cuando el sol su luz asoma
por la cima del volcan,
pescadores sicilianos,
dejad el mar!
Ya la noche nuestra amiga
huye al ver su claridad,
i y os esperan vuestros hijos
despiertos ya!
Colgad las redes
669397
— 2 —
al aire libre;
atad las barcas,
salid del mar;
Dios cuida de ellas
cuando en el cielo
sus alas tiende
la tempestad.
Pekn. ¿Hijos libres del mar de Sicilia
que vivis en cobarde inacción,
ayudad á librar á la patria
de la extranjera dominación!
Pksc. No es tiempo aún. (Con misteüo.)
Fk.rn. (La hora sonó!)
Disfrazad, mientras llega el momento,
de ser libres la noble ambición,
y ocultad con la risa en los labios
la lava ardiente del corazón,
P¿sc* Amor y patria!
Fkrn. Patria y unión!
Y mientras llega el dia
de vida y libertad,
sólo oigan nuestros dueños
los cánticos del mar.
Todos. «Pescadores del mar de Sicilia,
«remad, remad,
«que las redes están en las aguas
«tendidas ya!»
(Todos se van por distintos lados. — Fernando se
queda el último, y al dirigirse á la izquierda, se
detiene al oir la voz de Andrea, que está en la
puerta de la hostería,.)
ESCENA 11.
ANDTVEA, FERNANDO.
HABLADO.
And. No me das los buenos dias?
Fern. Dios te haga feliz, Andrea.
— 3 -
And. Estás hoy contento?
Fern. Mucho!
And. Ha sido buena la pesca?
Fern. Yo no he salido esta noche!
And. Pues qué es lo que así te alegra
haciéndote hoy ma's tratable •
que de costumbre? en qué piensas?
Fern. Pienso en mi pobre cabana
hace un año tan desierta,
y que hoy, antes de una hora,
va á ser para mí más bella
y más hermosa que todos
los palacios de la tierra!
And. Van á traerte un tesoro? (Con ironía.)
Fern. ¿ignoras que abre hoy sus puertas
el convento á las novicias,
para que á sus casas vuelvan
por tres dias, y en el mundo,
que han abandonado, puedan
decidirse á hacer sus votos,
ó á quedarse aquí? Si entre ellas
está mi hermana adoptiva,
el orgullo de la aldea,
mi Nella en íin, ¿por qué extrañas
ver hoy mi faz tan risueña?
And. Sigues en ella pensando?
Fe un. Si pienso!...
And. (con despecho.) ¡Quién lo creyera!
Fern. Mi madre y yo no dejamos
ni un día de ir á la. iglesia,
para pedir á la Virgen
que á nuestros brazos la vuelva!
Ano. Poco os quería si ingrata,
un dia, sin daros cuenta,
puso entre ella y vuestro afecto
esos muros y esas rejas!
Ff.kn. Dios se lo ordena sin duda!
And. No, Fernando; Dios no ordena
á una muchacha que deje
sumidos en la tristfza
y el abandono á los pobres
que la recogieron huérfana!
_ 4 -
Fué una ingrata!
Fern. No lo digas!
And. Oh! (Con desprecio.)
Fern. Cuando en mi mano sienta
caer temblando la suya;
cuando su voz dulce y tierna
siempre para mí, me diga
«hermano! verte me alegra,»
los recuerdos de ese año,
mis pesares y mis penas,
huirán de mí como huyen
de la noche las tinieblas
al aparecer la aurora
en su manto de oro envuelta!
Am>. (Con ironía á media voz.)
Qué poético está el día!
Fern. Por qué sonríes, Andrea?...
And. ¿Y cuentas con que ella al verfc
renuncie ya á sus ideas,
y en vez de monja, tu esposa
en el mismo templo sea?
Fekn. No; que viva á nuestro lado;
que oiga yo al izar mi vela,
á lo lejos, sus canciones...
y ¿qué más quiero en la tierra?
Aínd. Y serás rico con eso?
tu ambición es bien pequeña!
Fern. Con estos brazos robustos,
con salud, con el mar cerca,
con alegría en el alma,
me importa á mí la riqueza
menos que le importa al mar
la ardiente lava del Etna!
And. Á tu gusto! los ducados
y una mujer que no es fea...
no asustan á todo el mundo!
Fkrn. Mejor para tí!
And. Y si llegan
los comisarios de Francia,
y al ir cobrando las rentas
tú no puedes dar tu parte;
si sin cabana te quedas,
¿qué te importa? Tú los pagas
con una canción de Nella!
Puede que no tengan cambio
si es tan rara la moneda! (Con ironía )
Fern. Mal la quieres!...
And. Vé á vestirte;
ponte tu traje de fiesta,
que ya van á tocar pronto
y la novicia te espera!
Fern. Lo haré así!
And. No pierdas tiempo!
Fern. Vendré per tí si te empeñas!
and. Gracias; no quiero apreturas
más que en mi hostería.
Fern. Tenias;
que allí vienen viajeros,
y Nasoni les enseña
el camino. .
(Aparecen en lo alto de la montaña y bajan por ella
Isabel, Fernando y el Capitán, guiados por Nasoni.)
And. Pues mi humor
es hermoso!
Fern. Tengo idea
de que á ese no le asustan
los ducados ni la bella!
And. Buenos dias! (Con enojo.)
Fern. Siempre amigos!
And. Amigos!... que te diviertas!...
Fern- Menos que tú, que eres rica! (sonriendo)
(Con gravedad.)
más que tú... que no eres buena!
(Fernando se va por la izquierda mientras sale por
la derecha simultáneamente Nasoni. Los demás han
desaparecido tras la falda de la montaña.)
ESCENA III.
ANDREA, NASONI.
Nasoni. Andrea, tres viajeros
muy ricos, según las señas,
te traigo! Los he servido"
— 6 -~
de Cicerone en el Etna...
And. Bueno... vete... (Distraída.)
NaSÜNI. (Con misterio.) Ya tú Ves...
que aunque desdeñosa seas,
siempre procuro agradarte...
And. Bien, gracias!...
Naso.m. (¡Es fuerte tema!
Ella que no ha de quererme,
yo empeñado que me quiera!...
dad margaritas á puercos
veréis como las desprecian!)
ESCENA IV-
ANDKEA, NASONI, el CAPITÁN por la derecha.
Cap. Á ver! patrona... un almuerzo
suculento!... cosa régi :!
A M>. Seréis servido!
Caí-. Que somos
tres bocas!
And. Muy bien!
Cap. Y hambrientas!
NaS0.N1. (Ap. á Andrea.)
(Ya verás cómo te ayudo!...
Yo freiré la manteca...
Yo te soplaré la lumbre...
And. Gracias, vete...)
Naso.m. (Ni por esas!
Oh! estupidez de los machos!
oh! ingratitud de las hembras!)
(Andrea entra en la casa. Nasoni se va detrás de ella :
el Capitán se dirige á la derecha para recibir á Isabel
y D. Carlos, que entran por dicho sitio.)
ESCENA V.
ISABEL, D. CARLOS, el CAPITÁN.
Isabel. Hacedme justicia entrambos.
¿No ha sido buena mi idea
de venir á visitar »
el volcan?
Cap. Olí... sí... muy buena.
Isabel. No os lia gustado?
Cap. Á mí mucho?
Es una cosa estupenda!
Un agujero muy grande
sobre una montaña inmensa,
por donde no se ve nada;
se vuelve á bajar la cuesta
y ya se ha visto el volcan...
hay pocas cosas como ella!
Isabel. ¡Qué espectáculo!
Cap. Terrible!
voy á que pongan la mesa;
después de esas emociones
se desmaya quien no almuerza!
Isabel. Qué tenéis, Carlos?
Carlos. Yo... nada!
(Saliendo de su distracción.)
Isabel. Preguntad k la hostelera (ai Capitán.)
lo que os dije.
Cap. Y almorzamos
en seguida?
Isabel. Sí.
(El Capitán saluda y entra en la hostería.)
G\RL0S. (Mirando á la fuente.) (Aqilí era!)
ESCENA VI.
ISABEL, CARLOS.
Isabel. Carlos! (Pausa.) Qué! No me escucháis?
Carlos. Ah! perdonadme, Isabel.
Isabel. ¡Qué distracción tan cruel!
Carlos. Ya os escucho!
Isabel. En qué pensáis?
Carlos. En nada por vida mia.
El paisaje contemplaba,
y al verle, vagar dejaba
á mi loca fantasía.
Isabel. Justo es que sueños dejemos,
aunque en ellos sois tan ducho;:
. _ 8 —
que, ó yo me equivoco mucho,
ó es ya tiempo de que hablemos.
Un año lejos de mí
triste Ñapóles os vio,
y eu ese año acerté yo
lo que os alejó de aquí.
Carlos. Ah! si lo habéis acertado!...
Isabel. ¿Qué puede haber en la vida
que nos la haga aborrecida
si no un amor desgraciado?
Caklos. Qué locura!
Isabel. Lo es mayor
empeñarse en ocultar
lo que nos puede llevar
á una situación peor.
Aunque por razón de estado
tratada está nuestra boda,
mal mi alma se acomoda
á un casamiento obligado.
Ni es tan poco mi valer,
que se cifre mi ambición
en lograr un corazón
donde viva otra mujer.
Lo pasado os pertenece;
á lo presente no toco;
de lo futuro hablo un poco,
y con razón me parece,
que aunque es el amor muy diestro
J¿ y yo en mí misma confio,
¿cómo os he de llamar mió
si vos mismo no sois vuestro?
Festejos, bailes y danzas
mi tio hoy mismo dispone,
y en mi casamiento pone
halagüeñas esperanzas.
Mas yo, que empiezo á vivir
y tengo más que esperar,
no las quiero colocar
donde se puedan morir.
Ved si es grave la ocasión
que á darme temor empieza,
y responded con franqueza
- 9 — j
á mi franca petición,
que ó yo no me he de casar
mientras os mire sin calma,
ó habréis vos de darme el alma
al darme el sí en el altar.
Carlos. Gobernador vuestro tio
de Mascali y de Mesina,
nuestra boda determina
á vuestro gusto y al mió;
la razón de Estado es ley
que á los nobles no perdona;
sois sobrina de un Colona,
yo soy hijo del virey,
y más que unión de familia
{ nuestra boda concertada,
es una tregua firmada
por la Francia y la Sicilia.
Política es nuestra unión
y á ella mi voz os exhorta...
al Estado ¿qué le importa
nuestro pobre corazón?
Isabel. Luego no me amáis?
Carlos. Yo ignoro
lo que entendéis por amor:
juzgo sí como un honor
Ser dueño de tal tesoro. (Lo besa la mano.)
Isabel. Nunca amasteis?
Carlos. Puede ser!
ísabei.. Es por Dios bien singular!
Carlos. ¿Qué entendéis vos por amar?
Isabel. No me vais á comprender!
MÚSICA.
Isabel. No vivir sino soñando;
padecer y suspirar;
dar la vida á una palabra,
sentir celos y llorar.
Eso es tener esclava
la voluntad;
eso es sentir!
- 10 -
eso es amar!
Garlos. No tener ni una esperanza
con que el alma sueñe ya!
esconder dentro del pecho
un recuerdo pertinaz.
Eso es haber perdido
la voluntad!
Eso es sentir!
Eso es amar!
Isabel. Si vos habéis amado
un tiempo así!
Si lo que ese alma esconde
no es para mí!
hablad! hablad!
antes de que mintamos
en el altar!
Caklos Si vos habéis amado
como decís
y lo que. el alma esconde
es para mí,
dejad, dejad
que pierda en vuestros brazos
mi libertad.
Isabel. Lo que decís
no puede ser,
que es engañar
á la mujer;
mirar en el altar
la imagen de otro ser.
Cábeos. Si mia al fin
habéis de ser,
sabré cumplir
con mi deber
borrando en el altar
la imagen de otro ser.
- 11 -
ESCENA Vil.
ISABEL, CARLOS, el CAPITÁN, por la hostería.
HABLADO.
Cap. Excelencia, está el almuerzo
preparado y prevenido.
GARLOS. VamOS. (Ofreciendo la mano á Isabel.)
Isabel. Pero esa persona!...
Gap. La podréis ver á las cinco,
hora en que se abre el convento.
Carlos. Esperáis á alguien?
Gap. Repito
que el almuerzo...
Isabel. Sí, á una joven
de esta aldea. No os he dicho
nada, porque es una historia
que sólo tiene principio
y que continuar espero
y darla fin aquí mismo.
Garlos. Contadla si eso os agrada. (Con indiferencia.)
Isabel. Há tres meses que vinimos
mi lio y yo á visitar
ese convento vecino
de la Anunciata. Era sábado
y estaban dando principio
á la salve las novicias.
De entre aquel coro escogido
de voces, sobresalía
una de uíftimbre purísimo,
tan dulce y apasionada,
de tal magia y tal estilo,
que al escucharla, mis lágrimas
corrieron sin advertirlo.
Su rostro, aun visto entre rejas,
era compañero digno
de la voz, y sus miradas
daban de un pesar indicios,
de esos que en el alma tienen
un impenetrable asilo.
- 12
Su sencillez, su hermosura
me cautivaron: la he visto
varias veces, y una tarde
en que mi pecho intranquilo
estaba por vuestra ausencia...
(vuestro nombre no la he dicho.]
a Yo rezaré porque él vuelva
»á haceros dichosa» dijo:
y aquella noche volvisteis;
ved si merece cariño
la que con Dios puede tanto
que dio á mis penas alivio.
Qué? no os agrada mi historia?
Carlos.
Mucho! (Con indiferencia.)
Isabel.
Ayer tarde he sabido
que hoy sale del monasterio
por tres dias; plazo íijo
*
que dan siempre á las novicias
para volver al bullicio
del mundo, y determinarse
á hacer los votos purísimos,
ó á renunciar á ser santas
esposas de Jesucristo.
Prometí volver á verla
á su más pequeño aviso,
y sólo con ese objeto
al volcan os he traído.
Carlos.
¿Y es de esta aldea esa joven
(Con fingida indiferencia.)
que excita vuestro cariño?
Isabel.
Nació en alta mar...
Carlos.
(Con interés.) Y CÓmO
se llama?
Isabel.
Nella!
Carlos.
(Turbándose.) (DÍOS mío!
serenidad... era ella!
Por qué se habrán conocido?)
Isabel.
Parece que os preocupa
sin razón, cuanto os he dicho!
Carlos.
(con rapidez.) Isabel, es necesario
que volvamos al castillo...
Isabel,
Sin verla!
— ÍZ -
Cap. Sin almorzar!
Carlos. Impaciente vuestro tio
debe estar por vuestra vuelta;
todos son aquí enemigos,
y si alguno nos conoce...
Isabel. Nunca temer os he visto!
Carlos. Ni nunca temí, señora;
mas perdonadme, es preciso
que yo parta...
Isabel, (con despecho.) Decid claro
que es para vos un martirio
estar conmigo más tiempo!
Carlos. No tal, pero el deber mió
me llama á Mesina...
Isabel. Os llama
el pesar de haber venido.
Carlos. Si así lo tomáis...
Isabel. ¿Y cómo
lo he de tomar?
Carlos. Me retiro.
Isabel. Os vais?...
Carlos. Os quedáis?
Isabel. Me quedo!
Carlos. Adiós, señora!
Isabel. (¡Qué inicuo
proceder!)
Carlos. (Llamando.) Á ver! cualquiera!
Isabel. (Oh!!)
Cap. (Dejadle; vuestro tio
á mí os confia!)
Carlos. Eh! el imbécil
que hasta aquí nos ha traído!
NaSONI. YO SOy, señor! (Sale de la hostería.)
ESCENA VIII.
ISABEL, CARLOS, el GAPITAN, NASONI.
Carlos. El caballo!
Nasoni. Está bajo el cobertizo.
Carlos. Adiós!
Isabel. Y me dejais sola!
-14 -
darlos. No queréis volver conmigo!
Isabel. (Todo inútil!) Buen viaje!
Carlos. Adiós!
Isabel. (Ah! corazón mió
¿por qué no sabes pagar
sns desdenes con tu olvido?)
(Jarlos. (Es preciso que yo vuelva!)
Cap. (Tiene el corazón de risco!)
Carlos. En marcha, animal. (Á Nasoni.)
Nasoni. En marcha!
(Este ya me ha conocido.)
(Vánse rápidamente por la izquierda Carlos y Nasoni.)
ESCENA IX.
ISABEL, el CAPITÁN.
Isabel. Vos tenéis la culpa...
Cap. Yo!
Isabel. Si hubiera estado servido
el almuerzo!
Cap. Hace una hora
que está ya dispuesto y frió!
Isabel. Por qué no habéis avisado?
Cap. Hace tiempo que os lo he dicho.
Isabel. (Seguir así es imposible!)
CAP. Señora! (Queriendo consolarla )
Isabel. Venid conmigo!
(Entran en la hostería. Se llena el escenario de Pes-
cadores y gentes del pueblo; las campanas del conven-
to tocan. Nella sale de él con otras novicias con tra-
jes del país, y las gentes que han subido á la monta
ña la abrazan. Fernando la coge de la mano y boj
con ella al proscenio. Cuadro de animación y alegriV
ESCENA X.
NELLA, ANDREA, FERNANDO, PESCADORES y PUEBLO.
MÚSICA.
Pesc.s. Es ellaf ya viene,
— #> -s-
la aldea á alegrar!
Es Nella! la hermosa,
la perla del marí
Ph:sc.as Mis brazos la aguardan.
Otras. Los míos también!
Todos. Que guie sus pasos
el ángel del bien!
Nella. Benditos todos
los que en mi alma
tan grata calma
derramáis hoy;
la santa Virgen
desde su gloria
por mí os envia
su bendición.
Fehn. (Es la que adora
mi pecho amante,
la que constante
me escuchara'!)
Todos. Es la alegría
de nuestro cielo,
la que este suelo
no dejará.
Nki la. Ausente de esta orilla,
distante de esta arena,
lloré mi triste pena,
sentí vuestro dolor.
Bellas risueñas playas
que recorrí gozosa,
hoy torno venturosa
de nuevo á nuestro amor!
Todos. Bellas risueñas playas
que recorrió gozosa,
hoy vuelve venturosa
de auevo á nuestro amor!
Xeli a. Si vuestras almas
caritativas
fueron amparo
de mi niñez,
para pagaros
tanta ventura
á vuestros brazos
d6
Todos.
torno otra vez!
Gracias al cielo
que cariñosa
á nuestros brazos
torna otra vez.
HABLADO.
Fern.
PESC.a
And.
Pesc3
And.
Pesc*
Nella, mi vida, mi hermana!
(Ay, yo creí que saldrian (ap. á Andrea.)
vestidas todas de monjas.)
(Las guardan para este di a
el traje con que al convento
llegaron.)
(Se abrazan Nella y Fernando.)
(Ay, mira! mira
cómo se abrazan!)
(Señalando á Nella y Fernando.)
(Imbécil!
á mí qué me importa?)
(Apartándola de su lado.)
Hija,
si no importándote pegas,
importándote qué barias?
Fern.
Mi madre te espera, vamos... (Á Nella.
Todos.
Viva, Nella!
Todos.
Viva! viva!
ESCENA XI.
DICHOS, ISABEL, por la hostería.
Isabel.
Un momento!
Fern.
Quién! .
Nella.
Señora...
(Corriendo á ella.)
vos aquí...
Fern.
Dios de justicia!
(Conociendo á Isabel y retrocediendo.)
Pescs.
Quién es! (Á Fernando.)
Pesc.88
La conoces9
Fern.
(Es
- 17
de Osear Golona sobrina. )
Pescs. (Del traidor!)
Fern. (Del que á la Francia
tiene su patria vendida.)
Pesc. (Del sicario del virey!)
Isabel. Que viniera no querías? (Á Neik )
Fern. (Qué busca aquí esta mujer?)
Neli.a. Gracias, bienhechora mía! (Á Isabel )
Fern. Nella, la dama á quien hablas
es de tu patria enemiga.
Isabel. Me juzgas mal; en mis venas
corre sangre de Sicilia.
Fern. Colona al francés la vende!
Isabel. Yo en cambio sus injusticias
sé llorar, y doy amparo
y consuelo á las familias
de los que Francia condena
y de los que Italia olvida!
Fern. Idos de aquí: yo no puedo
compraros sus simpatías,
y en sus ojos se refleja
todo el odio con que os miran!
Nella. A la pobre pescadora
viene á ver la dama altiva.
¡Malhaya el que á una mujer
amenaza ó intimida!...
Déjanos!... (Á Fernando.)
Fern. (Sorprendido.) Ah! tú lo quieres?
Isabel. Idos... (Mi labio os afirma (ap. ¿Femando.
que haré todo cnanto pueda
porque no entierre su vida
otra vez en el convento!)
Fern. (Si lo hacéis, Dios os bendiga!)
(Á los pescadores llevándoselos por fuerza. )
Vamos!... ¿qué culpa tiene ella
del baldón de su familia?
Pescs. (Es Colona!)
Fern. (Es siciliana!)
Pescs. (La defiendes?)
Fern. (Que no digan
que á mujeres indefensas
los de Mascali asesinan...)
- 18 —
And. (Extraña amistad por cierto!)
(Entrando en la hostería.)
Fern. (Incomprensible entrevista.)
(Yéndose por el foro con todos.)
ESCENA XII.
NELLA, ISABEL.
Isabel. Nella mia!... (Abrazándola.)
Nella, Y vos, señora,
también en mí habéis pensado!
Isabel. Y el júbilo he contemplado
de esa gente que te adora!
Nella. Si á las playas de Sicilia
náufraga el mar me arrojó
niña y sola, Dios me dio
en todos nueva familia;
y al mirarlos hoy correr,
y al ver que me sonreían,
y sus brazos me tendían
con cariñoso placer,
he sentido una emoción
tan difícil de pintar...
que ardo en ganas de llorar... (conmovida.}
Isabel. Si es bueno tu corazón,
por qué pagas hoy con llanto
su generosa alegría?
Nella. Menos ingrata seria
si no me quisieran tanto!
Pero ya no lloro más;
feliz en sus brazos soy,
y estos tres días les doy
que no han de volver jamás.
Entre ellos recordaré
mi libertad ya perdida:
podré compartir su vida
que por el claustro dejé,
y ser dichosa y gozar
con embriagador anhelo,
de mi hacienda, que es el cielo!
de mí patria, que es e] mar!
_ 49 —
Isabel. Habíame como á una hermana;
¿por qué dejaste Ja aldea
y el mundo que te rodea?
Por qué los dejas mañana?
Por qué tan bella y querida,
vas, ingrata á su contento,
á encerrar en un convento
tu juventud y tu vida?
¿Por qué huíste de Fernando,
ese pobre pescador
que no vive sin tu amor?
¿No le quieres? — desde cuándo?
Nella. Si por ahorrarle un pesar
mi vida precisa fuera,
no lo dudéis, yo le diera
mi vida sin vacilar.
Isabel. Pero no tu corazón!
Nella. Ese manda en nuestro ser,
y no sabe obedecer
¡í la voz de la razón.
Isabel. Entonces miente la calma
que quieres dar á tu acento,
y hay un pesar violento
en el fondo de tu alma.
No es verdad? ¿digna no soy
de compartirle contigo?
Nella. Era hasta hoy mi único amigo...
mucho os quiero si os le doy. (Pausa.)
(Música sin canto que la acompaña.)
En esa fuente que gota á gota
las flores riega por donde brota,
y en cuyas peñas se estrella humilde
la blanca espuma que riza el mar,
yo, sola y libre, sin más pesares
que los fingidos en mis cantares,
bajo su sombra me guarecía
del sol del cielo canicular.
Ahí, al murmullo de mis canciones,
se desperlaban mis ilusiones
y los dorados dulces ensueños
que guarda el alma con tanto afán,
como despiertan ¡sobresaltadas
— 20 —
aves que pueblan las enramadas,
al primer grito de los halcones,
al primer soplo del huracán!
Ahí estaba una noche,
cuando á mi oido
llegó un mágico acento
desconocido,
que me decía:
«Nella, mi pecho amante
por tí suspira.»
Volví al punto los ojos,
y entre los árboles
divisé á un extranjero
fijo mirándome,
de negros ojos,
de mirada expresiva,
de altivo rostro.
Me levanté creyendo
ser de mi mente
fascinación mentida,
ilusión breve;
al otro dia,
fijo en el mismo sitio
me sonreía.
Oh! desde aquel instante
ni un paso daba
sin escuchar el ruido
de sus palabras;
por todas partes,
por donde iban mis plantas,
iban sus frases!
Yo no amaba á Fernando,
yo no quería
dar á quien yo no amaba
mi alma y mi vida!
Era forzoso
no ocultar por más tiempo
mi amor á todos.
La vez postrera que en mi camino
de sus amores á hablarme vino,
— 21 —
yo, al caballero, con la mirada,
la santa iglesia le señalé.
«Si es tu amor santo, le dije, y puro,
«ser solo tuya por siempre juro;
«allí Dios oye los juramentos;
»allí los tuyos escucharé.»
Quedó á mis frases helado y mudo;
hablarme quiso y hablar no pudo;
y yo sintiendo dentro del pecho
morir el alma que le rendí,
de oscuras sombras entre el misterio
llamé á la puerta del monasterio;
y sorda al ruido de sus palabras
la santa puerta cerré tras mí!
música.
ROMANZA.
I.
Allí un año entero
enferma de amor,
no pude con preces
ahogar mi dolor;
de dia y de noche
trastornan mi ser
los mal apagados
recuerdos de ayer.
Pues aun de su alma
la mia va en pos,
no pudiendo ser suya
juré ser de Dios!
II.
Si amante y rendido
el hombre que amé,
reclama algún dia
mi amor y mi fe;
si busca en mis ojos
amante raudal
y lágrimas vierte
- 22 -
al pie del altar,
tarde de mi alma
la suya irá en pos...
que para no ser suya
seré ya de Dios!
ESCENA XIII.
ISABEL, NELLA, el CAPITÁN, por la hostería.
HABLADO.
Cap. Hizo mal en retirarse
sin almorzar, y yo siento
que vos no hayáis compartido
conmigo tan digno almuerzo. (Á Isabel.)
Isabel. Mirad si para la vuelta
está ya todo dispuesto.
Cap. Hola! un guia! los caballos!
(Á gritos, entra en la hostería.)
Isabel. Nella!
Nella. Señora!
Isabel, Te dejo;
no exijo que me acompañes-,
por tu triste historia veo
que de renunciar al mundo
inflexible es tu proyecto!
Pero júrame ahora mismo
que antes de tomar el velo,
á mi casa á despedirte
de mí vendrás!
Nella. Lo prometo!
(Fernando aparece por el foro.)
ISABEL. AdiOS! (Abrazándola.)
N.ELLA. AdiOS! (Besándola la mano con respeto.
ISABEL. (Mirando á Fernando.) (¡Pobre mOZO!
no aumentes su desconsuelo,
acuérdate de que sufre,
y no olvides que te espero.)
Capitán!
- 23 -
Cap.
(saliendo de la hostería.) Á vuestras órdenes!
Nella.
Con alma y vida agradezco
tantas bondades!
Isabel.
Vendrás?
Neli.a.
Iré!
Isabel.
Adiós! (Á Fernando.)
Fern.
(con acento sombrío.) Guárdeos el cielo!
(Se van por la falda de la montaña.)
ESCENA XIV.
NELLA, FERNANDO, después ANDREA.
Fern. ¡Gracias á Dios! todo el mundo
tiene en escucharte empeño!
hasta las grandes señoras!
Nella. Y por qué me dices eso?
Fern. Conoces á esa mujer?
Neli.a. Sí; la conozco hace tiempo...
Fern. Sabes que tiene en su venas
sangre del hombre perverso
que sirve al francés tirano
en Mesina y en Palermo?
sabes qué es Colona?
Neli.a. Sólo
sé que es mujer; que la debo
mucho cariño...
Fern. Aconséjala
que no pise nuestro suelo,
que no es tan noble el esclavo
que deje libre á su dueño!
Nella. Cuando ella viene indefensa
á ver á una hija del pueblo
y la estrecha entre sus brazos,
indigno es de hidalgos pechos
suspender una amenaza
sobre su frente! dejemos
tal cosa y habíame, hermano,
como siempre, que ya es tiempo!
Fern. Nella mia!
Nella. Amigo mió!
— 24 —
AND. (Apareciendo en la puerta de la , hostería con un¡»
rueca y un huso.)
Si estorbo me iré más Jejos.
Nella. Por qué has de estorbar, Andrea?
And. No sé.
Nf.lla. Yo siempre te quiero
á pesar de tus continuas
riñas conmigo.
Fe un. (Sonriendo.) Lo creo;
reñiréis Jo mismo siempre!
And. Yo dominaré mi genio;
cuando se encuentra á una amiga
que ha de estar tan poco tiempo
entre nosotros!
Fern. Tan poco!
Tú qué sabes?
And. Yo me entiendo!
Fern. Vendrán lis aves marinas
á hacer su nido en el suelo
antes que vuelva mi Nella
á traspasar el convento.
Nella. Y tú sabrás impedírmelo?
And. Fernando es un hechicero
que detiene á las doncellas
en sus mejoreg proyectos!
Fern. Yo sé tu buen corazón,
y desde ahora te apuesto
á que eres tú la que quieres
quedarte!
Nella. Yo! y por qué medios?
Fern. Cuando te fuiste hace un año,
ya sabes que caí enfermo;
si hoy me sucede lo mismo
pagar no podré el impuesto
y me venderán mi barca,
mis redes, mi choza!
Nella. (Cielos!)
Fern. Mi madre y yo, sin recursos
con tu ausencia quedaremos !
¡veremos si tienes alma
para marcharte!
Nella. ¡Yo espero
~- 25 —
que nunca llegue ese caso;
tú tienes amigos y ellos
darán su parle y la tuya
si á caer vuelves enfermo!
Fern. Oh! sin tí, nadie en la aldea
será feliz!
And. Por supuesto!
si será Nella una santa
y ya ganar no podremos
sin su protección la vida!
Nella. Dice bien Andrea!
Fern. Bueno,
intenta otra vez marcharte!
Nella. Fernando, no hablemos de eso!
No eres hoy feliz?
Fern. Cual nunca!
Nella. Tres días son mucho tiempo!
y yo quiero que aquí pasen
entre fiestas y contento!
Mañana se abre la pesca
en Nicolosi! Allá iremos!...
yo en tu barca como siempre.
Fern. Oh! mi Nella, á vivir vuelvo
escuchándote! (Con eutusiasmo.)
And. (Levantándose.) Ya he roto
el huso; ¡si es mucho cuento!
Fern. Ven á casa! Allí te espera
tu cruz de oro; el traje nuevo
que dejaste y la bandola
con que cantabas.
Añd. Reniego
de la rueca!
Fern. Ven; te aguardan
tus amigas! volveremos
á la fuente, y otros dias
felices recordaremos!
Nella.
Adiós, Andrea!
And.
Adiós, Nella!
Fern.
Vamos!
Nella.
Sí!
And.
(Con ira.) Qué par de necios!
(Nella y Fernando se van del brazo corriendo
— 26 -
tando. Nasoni los ve y baja al proscenio. Andrea ha
tirado la rueca y el huso y se ha quedado pensativa.)
ESCENA XV.
ANDREA, NASONI.
Nasoni.
Esos sí que están alegres!
buena pareja ¿no es cierto?
And.
Yo qué sé!
Nasoni.
Cuándo se casan?
¿ND.
Que se vayan al infierno
ó que se casen, á mí
qué me importa?
Nasoni.
Por supuesto!
(Está furiosa! yo triunfo!)
And.
Y tú, estúpido, ¿á qué has vuelto?
Nasoni.
Ya verás. Salí guiando
á aquel gentil caballero...
And.
Bien y qué?
Nasoni.
Que de repente
partió al galope, sin miedo
al barranco ni á las rocas:
yo seguí andando con tiento
y gritándole «cuidado!
»esperad, mirad que hay riesgo!»
Nada! le perdí de vista!
y cuando llegué al crucero
de la senda, en un recodo
me vi al caballo comiendo
yerbas del pantano!
And.
Cómo?
Nasoni.
Con la boca!
And.
Si no es es6,
animal!
NaSONI.
Sí, el animal
es el que estaba comiendo!
And.
Y el ginete?
Nasoni
No sé nada!
grité, chillé— y aquí vuelvo...
And.
Á pedir socorro.
— 2'
Nasoni. No;
á ver si han dado el dinero
los otros por los caballos.
AND. Sí! (Distraída.)
Nasoni. Y pagaron el almuerzo?
And. También! pero ese ginete...
Nasoni. Se habrá ido á pie — Era extranjero,
y si se ha ahogado, mejor,
tenemos un francés menos!
And. Cinco escudos.— Ten tu parte!
(Le da unas monedas.)
Nasoni. Dime, y piensa un poco en ello!
No es un cargo de conciencia
separar con ese ceño
estos escudos nacidos
para estar juntos? Qué hacemos
los dos solteros?
And. Me apestas!
Nasoni. Andrea, pues á qué huelo?
And. Á insoportable...
Nasoni. Fernando
no te quiere!
And. Y qué tenemos?
Nasoni. Los dos? Nada...
And. Te lo ha dicho?
Nasoni. Yo te conozco hace tiempo...
y sólo con que te hubiera
dicho «bien haya ese cuerpo!»
cstarias muy contenta!
And. Yo!
Nasoni. Sí; conmigo el primero!
And. Yo estoy como me acomoda!
á nadie le importa!
Nasoni. Eso
ya lo sé yo!
And. Y desde hoy
para siempre te prevengo,
que si en quererme te empeñas
pierdes la salud y el tiempo!
Nasoni. Vaya! hagamos una apuesta,
¡á que al íin nos entendemos!
y unimos nuestros ducados,
And.
Nasoni.
28
y abrazo ese talle esbelto...
(Quiere abrazarla. Andrea le da un cachete.)
Ten mi regalo de boda! (se va.)
Ahora sí que estoy contento!
Con otros treinta como este
es mia sin más remedio! (Se va poreí fot
ESCENA XVI,
NELLA, FERNANDO, PESCADORAS y PESCADORES.
MÚSICA.
Todos. ¡Es ella! ya viene
la aldea á alegrar!
es Nella! la hermosa,
la perla del mar!
NELLA. (Vestida con el traje pintoresco del pais, con au
bandola en la mano.)
Aquí estoy ya;
al son de mis canciones
bailad! bailad!
Todos. (Bailando.) La taran tan-tan-tara'n tan, etc.
(Mientras el baile, aparecen en la falda de la mon-
taña soldados franceses; llaman á Nasoni y empiezan
á subir con él por los cerros.)
FerX. (Á los Pescadores, que se agrupan á su lado con
misterio.)
(Silencio compañeros
que el júbilo os engaña;
ya empieza la montaña
la tropa á recorrer.
Percs. Cambiemos á su vista
si aquí su oficio empieza
en ayes de tristeza
los cantos de placer!
Nella. Prudencia, amigos,
por Dios tened!
Todos . Libres un dia
sabremos ser.)
— ci9 —
(Los soldados desaparecen y vuelven los Pescador? s
á reunirse. )
Fkrx. (Se alejan de estos sitios;
¿á dónde irán
miseria, luto y lágrimas
á derramar?)
Pesc. El yugo extranjero
ya es harto sufrir^
jaremos, amigos,
vencer ó morir!
La patria nos brinda
su santo favor;
si esclavos vivimos
morir es mejor.
Nella. Dejad para otros dias
el brío y el valor;
hoy nadie nos persigue,
cantar es lo mejor!
Oid, llegad!
y al son de mis canciones
bailad! bailad!
Todos. Tan, larán, lan, lao, larán, lan!
(Nella se sienta al lado de la fuente, y canta acom-
pañada de ¡a bandola; todos bailan en rueda. )
Nella. ¡Dime, dime, pescadora,
dónde vas tan de mañana,
si el amigo que tú buscas
aún no ha vuelto de alta mar!
Pescadores y Pescadoras.
Adonde vas! adonde vasj
Nella. No te alejes de la orilla,
que te sigue un extranjero,
su lenguaje es embustero,
no te dejes engañar...
Todos. Adonde vas! adonde vas!
Lan, larán, lan, lan, larán, lan.
CARLOS. (Apareciendo entre los árboles de la fuente mientras
todos se alejan bailando y cantando.)
Nella!
Nella. (Aterrada.) (Qué es esto?)
Carlos. Te adoro!
— 50 -
Neí.LA. '• Dejando caer la bandola y casi dasmayán '
Ah!
(Carlos se oculta entie los árales.)
TODOS. (Corriendo hacia ella.)
Nella!
Fern. Qué tienes!
Todos. No vuelve en sí!
NeI.F.A. (Dominando su emoción 5 esforzándose por reír.)
Es una broma!
reíd! rei'd!
(No es sueño, no es sueño,
su imagen querida,
que llena mi vida,
he vuelto á mirar!
Si vuelve á mis brazos
honrado y amante,
mi dicha constante
hoy puedo lograr.)
Todos. ' El yugo extranjero, etc.
(NeUa, con la mano en el corazón, mira aturrada .
los árboles de la fuente. Fernando no aparta los ojos
de Nella. En lo alto de la montaña aparecen otra vez
Naso ni y los soldados franceses. Cae el telón.)
FIN DEL ACTO PRIMERO.
ACTO SEGUNDO.
Las rocas de Nicolosei que llenan los dos últimos tér-
minos del proscenio. Á derecha y á izquierda altas
montañas practicables,— Por entre éstas y aquellas,
el mar avanza hasta el segundo término de la escena.
En el primer término una escalera tallada en la roca
á la derecha. Á la izquierda un piso saliente. La es-
tatua pequeña de una Virgen, iluminada por una
lámpara. La luna alumbra la escena y el mar, cuyas
olas se estrellan en las rocas.
ESCENA PRIMERA.
MÚSICA.
Cantan dentro las Pescadoras.
La luz de mi Madona
se ve ya!...
y el mar para nosotros
quieto está!
Alegres pescadores,
proseguid! ...
La Virgen nos bendice
desde alüí...
— 32 —
(Mientras se canta dentro, Carlos baja por la escale-
ra, se dirige á las rocas del centro y mira al mar.
Con la tea que lleva en la mano hace una seña y ana-
recen soldados franceses por detrás de la montaña.
Bajan todos al proscenio con misterio. Apenas están
retiñidos, Carlos apaga la tea en el mar y se coloca
en medio.)
Carlos . En estas rocas
la cita es!
Los de Masca! i
vendrán después.
Y es necesario
sin dilación
que sofoquemos
la rebelión.
Soeds. Si contra Francia
Sicilia está,
si por ser libre
conspira ya,
con nuestras armas
la haremos ver
que otra vez libre
no puede ser!
CORO DE PESCADORES. (En el mar.)
La luz de la Madona
se ve ya
y el mar para nosotros
quieto esta'.
Alegres pescadores
proseguid!...
La Virgen nos bendice
desde allí!...
Carlos. Á la otra falda de la montaña
hasta mi aviso permaneced!
Soeds. Con tu bocina haz la señal!
Careos. (Nella y Sicilia, mias serán/
Si un toque mi bocina
en esta noche os da,
venid y en este sitio
la muerte encontrarán.
Pero si ois dos veces
- 33 -
seguidas la señal,
marchad, que en la montaña
no hacemos taita ya!
Solds. Si un toque su bocina
únicamente da,
venimos á esta playa
su infamia á castigar.
Pero al oir seguidas
dos veces la señal,
es prueba que en la costa
no hacemos falta ya!
NASONI. (Apareciendo en lo alto de la montaña, donde estaba.
echado y escondido.)
(Bueno es saberlo!)
(Vuelve á esconderse.)
Carlos. Marchad! marchad!
(Carlos y los soldados dejan completa y rápidamente
libre la escena. Las barcas se adelantan cada vez más
hasta llegar á las rocas que están al pie de las mon-
tañas primeras y en medio de ia escena.)
Coro de pescadoras.
La luz de la Madona
se ve ya!
y el mar para nosotros
quieto está.
Alegres pescadores
proseguid!
la Virgen nos bendice
desde allí.
ESCENA II
FERNANDO, NELLA, ANDREA, PESCADORES.
Cuando todas las barcas llegan á las rocas, Fernando se pone
de pie en la suya, donde viene Nella sentada en la popa.
f ERN. (Quitándose la gorra.)
Rocas donde ha corrido
- 54 —
mi alegre juventud,
Madona que la alumbras,
salud! salud!
TODAS. Sallld! Salud! (De pie en las barcas.)
(Todos saltan á tieria por entre las rocas. Se llena
la escena de pescadores, mujeres y niños, que se
arrodillan delante de la Virgen, ocupando todo el
proscenio.)
Nella. Santa Madona, (De rodillas.)
mira á tus pies
un pueblo entero
lleno de fe!
Da á nuestros hijos
calma en su hogar,
luz en los cielos
pesca en el mar!
(Todos los hombres se levantan y ponen las manos
sobre las cabezas de los niños que permanecen arro-
; (Hilados con las mujeres. )
Fjsaiv. Roguemos á la Virgen,
pues ve nuestro dolor,
que extienda sobre todos
su manto protector.
COKO GENERAL DE PESCADORES y PESCADORAS.
Santa Madona,
mira á tus pies, etc.
(Todos se levantan y forman un cuadro animadísimo,
extendiéndose por las rocas, las montañas y ia es-
cena. Las mujeres sentadas, unas con sus hijos en
brazos, otras recostadas en las peñas, etc., etc.
ESCENA III.
JUCHO S, NASON1, que baja de la montaña á su tiempo; MIJ-
JEí'.ES, PESCADORES y NIÑOS.
HABLADO.
Fern. Vamos! amarrad las barcas
un instante y descansemos!
Neli.a. Jamás se vio mejor noche
ni estuvo e 1 mar tan sereno!
- 55 —
Feiin. Vigilad!
Nasoni. Ya me releban, ;
110 puedo bajar de miedo.
(Mirando á dos pescadores que suben á lo alto de la
montaña donde él está, baja al proscenio: otros dos
pescadores suben á la otra roca.)
Nella. (Era él! no cabe duda,
sólo de acordarme tiemblo!)
Pese. Á nadie se ve en la playa!
(Hablando desde lo alto.)
Ferñ. Raro es que solos estemos!
And. Á quién esperabas?
FERN. (Á los pescadores.) Vamos!
venid; no hay que perder tiempo!
(Se le acercan todos los hombres menos los que es-
tán de vigías en las montañas.)
Sicilia trabaja h:¡ce años
por romper sus duros hierros
y ya la hora se acerca:
por todas partes el pueblo
conspira, y tal vez mañana
principie el combate horrendo.
El rey de Aragón protege
nuestro legítimo esfuerzo,
y los tiranos de Francia
morirán en nuestro suelo.
Mientras los pueblos del Norte
se sublevan en Palermo,
á una señal convenida
nosotros extenderemos,
desde Mesina á Mascali
de la rebelión el fuego.
Aquí es la cita esta noche,
y reunimos debemos
con los que habitan la costa
desde Natto al cabo Pésaro.
Valor y prudencia, amigos,
serenidad y ardimiento,
y Dios á la patria libre
de ser esclava más tiempo.
To;üos. Tú nos guiarás.
Nasosí. Señores,
— 56
And.
Nasoni.
Ano.
Fern.
Nasoni.
un poquito de silencio.
(Colocándose en medio.)
Fern. Qué hay?
Todos. Qué pasa!
Nasoni. Mucho malo!
Voy á exponer el pellejo,
mas se lo daré á mi patria
ya que es lo único que tengo.
(Á Fernando.)
Viendo Andrea que tú y Nella
salíais juntos del pueblo
en la misma barca, dijo:
«Nasoni, tú y yo corriendo
á Nicolosí.»
Mentira!
Lo será, pero hace tiempo
que estábamos esperándoos.
YO te jurO... (Avergonzada, á Fernando .)
Acaba presto...
qué nos importa esa historia?
No, si ahora llega lo bueno.
Yo me subí á la montaña
para veros desde lejos;
de pronto siento aquí mismo
ruido de pasos; me vuelvo,
y horror! veo á los soldados
franceses bajar del cerro!
Cómo!
Qué dices!
De bruces
me eché pegándome al suelo,
alargando los oidos
y tragándome el aliento.
Los oíste?
Por fortuna!
vuestro plan han descubierto;
saben que es aquí la cita;
que la pesca es un pretexto,
y ellos son los que nos pescan
si no los escucho á tiempo.
Fern. Maldición! Nuestros hermanos
llegarán, y sin remedio
Fern.
Todos.
Nasoni.
Fern.
Nasoni.
— 57 —
caeremos en su poder!
Nasoni. Su jefe así lo ha dispuesto.
Á un toque de su bocina
acudir deben corriendo
los soldados, que escondidos
estarán por esos cerros;
si oyen dos seguidos, todos
deben irse por el puerto
siguiendo la costa...
Fekn. ¿Y cómo
librar á todos podemos?
Nasoni. Ya no sé más; me parece
que soy hombre de provecho!
Fern. Los de Roca-Nova pueden
llegar aquí los primeros!
Nasoni. Imposible! Cuando ayer
los franceses me cogieron
para servirlos de guia,
venían por el impuesto
á Roca-Nova, los pobres
pagársele no pudieron,
y allí los han embargado
barcas, redes...
Fern. Oh! pensemos!...
And. (Por qué le has dicho que yo
me vine?...
Nasoni. Porque te quiere,
y tú le quieres á él,
y él está por otra muerto,
y así vamos dando vueltas
y nunca nos entendemos!)
FERN. (Á las mujeres.)
Vosotras seguid la costa
por la izquierda, cual si fuéramos
á pescar á Roca-Nova.
(Á cuatro Pescadores.)
Vosotros cuatro, con Píetro,
detened en el camino
las barcas de los de Pessaro,
y decidles que la cita
será en el Faro.— Yo espero
una señal que me avise
- 58 -
para marchar con los nuestros.
Vosotros id por la playa
indiferencia fingiendo!
serenidad, confianza,
que yo aquí por todos velo!
Nella. Te admiro!
And. (á Nasoni.) Quédate tú!
NaSONI. Viva Femando! (Dando un gran grito)
Fern. Silencio!
Nasoni. (No se puede ser patriota!)
And. (Se quedan.)
Fern. Adiós!
Nasoni y Todos. Marchemos. (Vánse.)
ESCENA IV.
NELLA, FERNANDO.
Nella.
(Sola con él!)
Fern.
(Sola aquí!
defiéndame Dios de mí!)
Nella.
Acaso intentas triunfar?
Fern.
Pienso al menos escapar
de mis contrarios así.
(Con intención.)
Paréceme que estás mal...
Nella.
(Queriendo irse.)
Vamos de todos en pos...
Fe un.
Tiemblas, Nella? (cogiéndola la
Nella.
Yo, no tal..
Fern.
¿Hay cosa más natural
que hablar un rato los dos?
Nella,
Cierto!
Fern.
¿Recuerdas los dias
que en mi lancha pescadora
loca de placer venias?...
Nella.
Venturosas alegrías,
¿por qué' no las tengo ahora!
Fern.
Eso te pregunto yo.
Nella.
No sé!
Fern.
Me vas á decir
por qué el convento encerró
- o9 —
tu dicha y mi porvenir... (Pausa.)
Vas á decírmelo?
Nella. No!
Fe un. Deja que á tu voz acuda.
¿Tan fácilmente en un año
de alma y corazón se muda?
Mira que es peor la duda
que el más triste desengaño!
Nblla. Fernando... perdóname;
puesto que hoy á hablar me obligas,
¿no te enojarás?
Fern. No á fe!
Todo cuanto tú me digas
(Con fingida serenidad.)
impasible escucharé.
Nella. Yo te amé como una hermana
y de igual modo te quiero.
Si alguna esperanza vana
te hac£ pensar en mañana,
haces mal!
Ferx. (Oh!) Nada espero:
¡sólo por huir de mí
fuiste un convento á buscar!
Nella. Eso es!...
Fern. Nunca lo creí;
dijérasmelo y así
me enseñaras á callar!
Nella. No se manda al corazón,
y el mió te dio un cariño
fraternal.
Ff,RN\ Tienes raZOn. (Cen amargura.)
Yo me enseñé desde niño
á tenerte adoración!
En la nube sonrosada; (con entusiasmo y
en los secos arenales,
en la blanca mar rizada,
en la atmósfera preñada
de terribles vendábales:
entre el negro torbellino
que al cielo escupe la espuma,
y forma en su remolino
la fria y pesada bruma
— 40 —
que del mar borra el camino.
Tu imagen encantadora
á pesar mió entreveo,
de mi corazón señora,
más alegre que la aurora,
más hermosa que el deseo!
Dices que yo.no te quiera;
que amarte no necesito;
como si posible fuera
borrar una vida entera
donde hay solo un nombre escrito!
No con ingrata inclemencia
si á tí mi pecho se lanza,
le escuches con impaciencia;
arranca de él la existencia
mas deja en él la esperanza!
Mella. Si la voz de la razón
engendrara una pasión,
hace tiempo que la mia
te hubiera hecho el primer dkí
dueño de mi corazón!
Pero á la razón ágenos
son del alma enamorada
los juicios: deja los buenos
y corre desatentada
tras de los que valen menos!
Fern. Oh!
Nell\. Si yo justicia hago
al mérito que atesoras
y no respondo á tu halago,,
¿dime tú por qué me adoras
y di por qué no te pago?
Fekn. Pero es que tengo un rival
más constante, más leal?
Nella. Es que yo no sé querer...
es que corre tras su mal
el alma de la mujer!
Fern. Huyan mis dias serenos
de amor y esperanza llenos!
Nella. No has de olvidarme?
Fern, Jamás.
Nella. ¿Por qué no me quieres menos?
— 41 —
Fern. ¿Por qué tú no me amas más?
MÚSICA
Fern. No apartes, no los ojos;
mi amor inmenso ve,
y el fuego en que mi alma
por ti se siente arder.
Nella. Ay, déjame!
Ay, déjame!
Fern. Por tí mi patria olvido;
sin tí vivir no sé,
tu amor es mi ventura!
y eterno mi querer!
Nella. Ay, déjame!
Ay, déjame!
Fern.
AcaSO amas á Otro? (Con rapidez.)
Nella.
NO tal! (Aterrada.)
Fern.
¡Mísero de él! (Con furor.
su sangre gota á gota
vieras aquí correr.
Nella.
(Jesús!) Yo no amo á nadie!
Fern.
Lo anhelo por tu bien!
Nella.
Son los celos en el alma
espantoso torcedor,
mezcla de odio y de locura ,
de crueldad y de furor;
nunca los celos
hasta hoy sentí;
si son verdad, maldito el dia.
en que te vi.
Yo del mundo me he alejado
por huir de tu pasión,
y no puede darte celos
una esposa del Señor.
Allí mañana
he de volver
y tú verás cómo me olvidas
- 42 —
si no me ves!
Fern. Es en vano que no quieras
escuchar mi amante voz,
es ameno mi cariño,
y es eterna mi pasión.
Oh, no! no puede ser!
Sin tí mi vida
suplicio fuera,
en tí se cifra
mi dicha entera;
¡ay! no te alejes
de mí jamás!
Vivir no puedo
sin tu cariño,
que inextinguible
nació de niño,
y con mi vida
terminará!
Nella. Tu amor olvida,
que fué locura,
y de mi afecto
la llama pura
para tí el alma
conservará.
De mí no esperes
otros amores,
que atormentada
por sus dolores
el alma mía
de Dios es ya!
HABLADO.
Fern, Una palabra — una sola. (Conmovido. )
Quizá dentro de dos dias
se conquistará en Palermo
la libertad de Sicilia.
— 43 -
Si triunfo y Dios me conserva e
mi desventurada vida,
eres libre, mas si muero,
de mi anciana madre cuida!
la dejo sola en el mundo,
te recogió cuando niña,
no la abandones! (Conmovido.)
Nella. Fernando!
lo juro!
Fern. Mi amor olvida!
Nella. (Ay de mí, que ingrata y ciega!...)
Perdóname!
Fern. No me sigas.
Nella. Soy tu hermana!
Fern. Razón tienes!
(Suframos más todavía.) (Vánse por la derecha.
ESCENA V.
NASONI por entre las peñas.
Nasoni. La verdad, gran miedo tengo
y el alto empleo de espia
me hace poquísima gracia...
Casi me revienta... eh! gritan?
No... fué ilusión ó cerote,
que ahora es una cosa misma!
unos se han ido escurriendo,
otros la costa examinan,
y yo vengo á ver si hay alguien
para cumplir mi consigna!
Eh! ni una mosca se siente...
¿adonde estará escondida
la avanzada de las tropas?
voy á ver si se divisa
por las rocas algo nuevo;
¡ampárame, Virgen mia,
y ya que oí la emboscada,
ayúdame á destruirla!...
(Se dirige al foro y mira al mar mientras salen Cái
los y soldados por la derecha.)
- 44 -
ESCENA VI
NASONI, CARLOS y SOLDADOS.
Carlos.
Nadie... por dónde se han ido?
Gap.
Era el aviso mentira...
y estarán todos pescando.
¿Cómo ha de intentar Sicilia
luchar audaz contra Francia?
Carlos.
(Ella entre todos vendría
y yo no la he visto ¡torpe
de mí! La ocasión propicia
es esta... Esperadme!... un hombre!...
(Viendo á Nasoni de espaldas.)
Todos.
Qué!...
Carlos.
Mirad!
Todos.
Qué hace?
Carlos.
Vigila...
se vuelve— dejad que llegue;—
interrogadle en seguida
y no deis alarma en falso,
que su ocupación prosiga...
y después en la montaña
seguid hasta mi venida.
Coro.
Vais?. .
Carlos.
Á recorrer la costa
por precaución.
Coro.
Sin un guia?
Carlos.
Solo. Recordad mi orden;
á un toque de mi bocina
que acuda toda la fuerza.
Si oís dos, seguid la orilla
del mar en silencio siempre
hasta llegar á Mesina.
Todos.
Ya viene!
Carlos.
Prudencia... (ahora
mi amor antes que Sicilia.)
(Váse por la izquierda.)
Nasoni.
No hay nadie... (Se vuelve y lesorpreuden.)
Todos.
Alto!
Nasoni.
Muerto soy!
Ave-María purísima!
ESCENA Vil.
NASONI y SOLDADOS.
MÚSICA.
Coho. Qué hacías en la playa?
(Bajándole al proscenio.)
Nasoni. Estaba mariscando
Coro. Qué llevas en el pecho? (Registrándole.
Nasoni. Un santo escapulario!
Coro. Qué tienes que así tiemblas?
Nasoni. Enfermo el epigastrio...
Coro. Qué quieres desde ahora?
Nasoni. Correr por esos campos.
Curo. Basta, traidor!
Nasoni. Yo no he traído nada!
no señor, no señor.
Coro.
Na soní,
Coro.
Nasoni.
Coro.
Si libre quieres ser
al punto has de contar
lo que hoy tus compañeros
haciendo en casa están.
No tengo inconveniente!
(De fijo lo dirá.)
(Aquí me hacen añicos!...)
(Nos va á decir su plan!)
Nasoni. Como la noche es fresca
mis convecinos
estarán en la cama
recogiditos;
y entre dos mil,
dormirán mil quinientos
haciendo así,
TOnC. (imitando que ronca.)
haciendo así!
Coro.
No es eso, no es eso.
Nasoni. Pues yo lo haré mejor;
estarán en la cama
haciendo, ronc! (Roncando más fuerte.)
haciendo, ronc!
Hablarán los casados
con su mujer;
recordarán los viudos
lo que ya fué;
y hembras habrá
que no estarán soñando
con su papá,
con su papá.
Cono. Eso es verdad,
y por tunante quedas
en libertad!
(Vánse todos riendo por la derecha y Nasoni por ]
izquiprrla.)
ESCENA VIII.
NKLLA, por el primer término izquierda con rapiiez, ¡i poco]
CARLOS.
HABLADO.
Nella. Era él... no tengo duda...
mis pasos sigue... corramos...
Garios. No huyas más... deja un momento
que te hable!
Nella. (Ay de mí!)
Carlos Hace un año
que por huir de tí misma
y de mis amantes brazos,
buscaste en un monasterio
tristeza, olvido y amparo.
Creíste sin duda alguna
que al trascurrir ese plazo
nuestras almas no tendrían
recuerdo de lo pasado.
Te engañaste; tu amor leo
en ! us mal cerrados párpados,
- 47 —
en tu palidez de muerte,
en el temblor de tus labios;
el mió puedes leerle,
si aún sostienes lo contrario,
en mis miradas de fuego,
ea mi acento enamorado!
Un año sin vernos!... habla...
¿qué ha sido de tí en ese año,
á solas con tu recuerdo
amante y desesperado?
Nella. Á través de esas montañas (Con soiemnwud.
el convento solitario
eleva su cruz al cielo
abriendo al triste los brazos.
Allí os dije: «Dios escucha»
nuestros juramenl os santos,»
pronunciarlos no quisisteis
y yo entré sola en el claustro.
Me amáis aún? Dios lo quiera!
yo aún os quiero ¿á qué negarlo?
la cruz sus brazos nos tiende...
Dios espera, y yo os aguardo!
Cahlos. No es amor el que razona
y opone con frió cálculo
¡í los arranques del alma
estorbos imaginarios.
Ni tú lo que es amor sabes
ni en tu vida me has amado.
Nella. Plugiera al cielo — dejadme!
Carlos. Nunca lo esperes. En vano
de oponer á mi amor tratas
la fría sombra del claustro.
Yo atormentaré tu sueño,
yo perseguiré tus pasos,
yo escucharé tus suspiros
antes que huyan de tus labios.
Y en la playa, en la colina,
donde tus trémulos pasos
por huir de mí te lleven,
verás mis ojos clavados
en el cristal de los tuyos
mi loco amor retratando.
- 48 -
íNei.la. Sé que sois un extranjero,
que mí alma ha debido odiaros,
y que á pesar mió, presa
en vuestras redes me hallo.
Si como temo es más grande
que vuestro amor vuestro rango,
(La luna se oculta tras una nube.)
dejadme en mi pobre aldea
de mi honradez al amparo
pronunciando vuestro nombre
para aprender á olvidarlo.
Carlos. Cuanto anheles será tuyo...
amor, opulencia, fausto...
Nella. No, no es eso!
Caklos. * Qué deseas?
Nella. Una choza y vuestra mano!
Carlos. Empeño tenaz.
Nella. Adiós.
Carlos. Detente!...
Nella. No deis un paso!
Carlos. No saldrás de aquí...
Nella. Dejadme...
Carlos. Ven!
Nella. Oh! Socorro!
Carlos. Mis brazos
te detienen!...
Nella. Á mí!...
Carlos. Calla!
Nella. Atrás! Socorro! Fernando!
ESCENA IX.
DICHOS, ANDREA, interponiéndose entre los dos.
And. Fernando?... Eres tú quien la hace
gritar!
CARLOS. Maldición! (Separándose de Nella.)
Nella. (Ahora
pensará...)
Carlos. Silencio! (Á Andrea."*
AND. (Viendo que no es Fernando.) Cielos!
NELLA. Ah! (Huye por detrás de la montaña.)
(La luna vuelve á brillar como al principio.)
- 49 —
Carlos Si pronuncia tu boca
una palabra! — Si dices
alguna frase, una sola,
ay de tí!
AND. NO tal! yo OS juro... (Temblando.
(Era una cita amorosa
y yo los he sorprendido!
Nella ama á este hombre!)
Carlos. (No hay otra
ocasión como esta, y es
necio quien las abandona!)
And. (Y Fernando nada sabe!)
Dispensad... (Queriendo retirarse.)
Carlos. Espera!
(Escribe nnas líneas en una tablita de marfil.)
Toma!
Á lo largo de la playa
estarán las pescadoras;
entre ellas sin duda alguna
se refugia la que ahora
me acompañaba!
And. (Y Fernando!)
Carlos. (Vendrá'!... no los abandona!)
Entrégale esto á ella misma,
lo oyes bien!
And. Nunca fui sorda!
Carlos. Qué te va la vida en ello!
Cúmplelo bien, que te importa.
And. Yo...
Carlos. Ay de tí, si hablas á nadie!...
And- (Yo hablaré sin que me oigas.)
(Váse Carlos por la izquierda.)
ESCENA X.
ANDREA.
Pobre Fernando! há un momento
yo me sentía gozosa
á la idea de decirle
ama á otro la que adoras!
y ahora tiemblo de que le haga
4
- 50 ~
infeliz lo que él ignora.
Él! y con ella! valor...
no he de ser en sufrir sola!
(Se oculta un momento.)
ESCENA XI.
NEMA, FERNANDO, ANDREA.
Nella. No te vayas!... tengo miedo...
dejemos pronto esta costa!
Fern. Qué tienes? por qué tus ojos
giran temblando en sus órbitas?
Qué buscas?
Nella. Pronto... Partamos.
Fern. Dentro de un momento!
Nella. Ahora!
quiero al lado de tu madre
volver! no me dejes sola!
Fe "-n.. Tus manos están heladas...
Nella. No! las barcas están proRtas...
partamos pues.
Fern. Si te empeñas...
Nella. Yo misma pondré gozosa
las redes. (Se dirige al foro y arregla la red.)
FERN. All! eres tú! (Al ver á Andrea.)
And. (Calla!
(Con rapidez y misterio.)
Fern. Qué ocurre?
Ano. Prudencia!... Toma!
(Entregándole las tabütas de marfil.)
El servicio que te hago
comprende... Por la Madona
te juro que yo no sé
lo q-.e dicen esas hojas.
Tal vez ella no es culpable
y á tí saberlo te importa!
Fern. Culpable!
And. Silencio.— Mira
por su vida y por su honra!)
Fern. (Olí! qué dice esta mujer!)
Ano. Mi venganza ha sido pronta!
(Desaparece por detrás de la montaña Fernando
— 51 —
queda inmóvil coa las hojas de marfil en la mano.
INella baja olía vez al proscenio mirando con terror
á todas partes.)
ESCENA XII.
NELLA, FERNANDO.
Fei.n. Qué es esto? «Nella, aún te amo, (leyendo.)
»y tú has dicho que me adoras! »
¿Oh furor! «sobre los tuyos
»caen en seguida mis tropas
. »s¡ á huir no te determinas
^conmigo antes de la aurora.
(Con ira creciente. )
»Una canción tuja sea
»la señal de que estás pronta,
»y huyo contigo y perdono
»á los rebeldes.» — ]¿a cólera
me ciega. — Nella ama á otro;
por el sufre, por él llora...
Y esetre es un enemigo
de su patria y de su honra!...
Dios mió!
INella. (volviendo.) Fernando...
Fekn. (Calma!)
Nella. Ya está la barca...
FERN, (Aquí SOla (Fuera de sí.)
y conmigo! olas de sangre
en mí corazón se agolpan!)
Nella. Partamos...
Fern\ No tengas prisa.
(Que la está esperando ignora.)
Nella. Qué hacemos aquí?
Fern. Aguardar
la señal de los que imploran
mi ayuda, para dar muerte
á los que en tu patria roban
la libertad á los hombres (Con intención.)
y á las mujeres la honra.
Nella. Qué tienes? tus manos tiemblan!
Fern Ño te acerques!
— 52 —
Nellá.
Fekn.
Nella.
Fern.
Nella.
Fern.
Nella,
Fern.
Nella.
Fern.
Nella.
Fern.
Nella.
Fern.
Nella,
Fern.
Nella,
Fern.
Ah!
(Disimulando.) Perdona...
Nunca me lias hablado así.
Tienes razón...
Si te enojas
porque tu amor no he aceptado...
mira que corren las horas,
y que dentro de dos dias
ya no me veréis...
(Con sarcasmo.) ¿Qllé importa
si tú otra vez nos olvidas,
y por Dios nos abandonas!
Cómo me hablas!... No te entiendo.
Aprensión tuya...
Te implora
mi voz... salgamos, Fernando,
pronto de estas tristes rocas,
que sin razón me dan miedo...
Eso es esta noche sola.
¿No recuerdas que era en ellas
donde en otra edad más próspera ,
yo te hacia con mis redes
blando asiento, y aquí á solas
tu voz de niña lanzabas
á las encrespadas olas,
mientras yo vencido al sueño
te miraba como ahora! (con odio,)
Como ahora no!
¿No recuerdas
las alegres barcarolas
con que llamabas á todos
los hermanos de la costa!
Sí.
Perdona este capricho
de un muerto amor en memoria...
Quieres cantar una?
Yo...
en alta mar.
Oh no... ahora!...
Estoy agitada. — Trémula...
no sé . .
No seas miedosa!
- 53 -
Estoy á tu lado.— Todos
vendrían á una voz sola...
Nella. No insistas.
Fern. Te lo suplico!
Nella. No recuerdo...
Frrn. La más corta. ..'
cualquiera.— Yo te prometo,
no traer á tu memoria
jamás de mi amor perdido
otra página enojosa.
Nella. Como quieras.
Fí-RN. (Ah, respira! (Á su corazón)
I que vas á vengarte ahora.)
MÚSICA.
Nella. Entre el aura calina
que el primer año
la vio nacer,
vuelve la golondrina
todos los años
su nido á hacer:
dejadla ir,
que para hacer el n:do
no tardará en venir.
Fern. (La debe oir,
y el infame á quien odio
no tardará en venir!)
Nella. Ya entre los tomillares
se siente el soplo
primaveral,
y vienen á millares
las golondrinas
cruzando el mar!
Ya están ahí;
yo veré á sus hijuelos
que han de nacer aquí.
Frrn. (Ya estará ahí;
su sangre gota á gota
voy á verter aquí!
(Sigue la orquesta piano.)
o4 —
HABLADO.
Ferv. (Una barca! ¡es él!) Ah Nella!
toma, lee, comprende ahora
toda mi rabia! (La entrega las tablas de marfil.. )
Nei la. Qué es esto!
Fern. Lee y que Dios le socorra!
Nella. «Una canción tuya sea (Leyendo.)
»la señal de que estás pronta....
»y huyo contigo y perdono...»
Ah! todo lo entiendo ahora!
(Carlos baja de «na barca y se adelanta: Ferna n do
se ha escondido, y al c cercarse Carlos á Nella, se
presenta con el arpón en la mano; ella da un atrito
y se interpone entre los dos. Nasoni aparece en ia
montaña, y baja con rapidez en silencio.)
ESCENA Xin.
NFLLA, FERNANDO, CARI OS, NAS^NI.
Carlos. Nella!
Fern. Miserable!
Nella. Ah!
Carlos. Un lazo!
Fern. Defiéndete!
Carlos. Suelta.
Nella. Carlos! (Mátame!) (Á Femando.)
Fern. Su muerte me vengará!
Caríos. Sabes quién soy?
Fern. Qué me importa?
Carlos. Sabes que á una seña mia
alumbrará el nuevo dia
tu muerte!
Nella. Mi voz te exhorta!!
Huyamos!
Fern. Razonas mucho:
ven conmigo. (Á Neiu.)
Caríos. No ha de ser!
dame pronto á esa mujer.
Soy Carlos de Fox!
Fern. Qué escucho!
- 55 -
Dios! El hijo del virey!
Garlos. Sí... en mis manos tengo ya
tu vida y nadie podrá
desobedecer mi ley!...
Al ahogar la rebelión (Toca la bocina.)
sucumbes y Nella es mia!
Nasoni. Sujetadle! todavía
es temprano!
Carlos. - Maldición!
(¡Vasoni arranca la bocina de la ma.io de Cáilos y
salta sobre una roca. Da otro toque con ella mientras
Fernando sujeta á Carlos del brazo y le quita la es-
pada.— Todos los Pescadores acuden. Nella eslá de
rodillas.)
ESCENA XIV.
DICHOS, NASOM, PESCADORAS y PESCADORES.
CANTO.
Pescadores y Pescadoras.
Qué ocurre! qué pasa!
Firn. Amigos, venid!
El cielo protege
á nuestro país!
Sus tropas nos dejan,
les di la señal.
Quién es ese hombre?
(Ap. á Fernando.)
(Oh! cielos... Piedad!)
Un prisionero,
un militar.
Que muera!... que muera!
Villanos, atrás!
Yo soy, y no lo oculto,
el hijo del virey,
matadme, de ese modo
tan sólo venceréis!
Su muerte!
(Á Fernando.) (Sí Un acero
Nvsow.
Todos.
Nella.
Ff,r;V.
Todos.
Carlos.
Todos.
Nella.
Fern.
Tonos.
Fern.
- p —
se acerca nada más,
yo caigo á tus pies muerta.)
(Arrancando el puñal á Fernando.)
Atrás!
Su muerte!
Atrás!
No es matando á un hombre inerme
como debe combatir
el que tiene en su derecho
libertad y porvenir.
Quede libre! yo lo mando!
cruce alegre el ancho mar,
mientras todos combatimos
por la santa libertad!
Carlos. (Otra vez libre me veo
y me puedo defender,
yo sabré arrancarte astuto
el amor de esa mujer!)
Neí.la. (¡Santa Virgen de los cielos,
de mi llanto ten piedad,
da la vida al bien que adoro,
y á mi patria libertad.)
Pescs. En Palermo nos esperan;
la victoria es nuestra ya...
peleando conquistemos
nuestra santa libertad!
Coro de mujeres.
Vuestros hijos os aguardan;
con empeño pelead;
devolved á nuestra patria
su querida libertad!
Carlos.
Al mar!
Fern.
(a Les Pescadores.)
Al mar!
Nella.
Al mar!
Todos.
Al mar!
(Antes de que se retiren cae el telón.)
FIN DEL ACTO SEGUNDO.
ACTO TERCERO
La Plaza de Catánia. — En primer término, á la dere-
cha, el palacio del Gobernador con puerta en el ter-
cer bastidor y dos centinelas. — Á la izquierda gran-
des edificios. — Delante de ellos una columna con una
estatua. — En el foro vasas de piedra concadenas, que
figuran cerrar el muelle. — El mará lo lejos, y er
lontananza montañas elevadas.
ESCENA PRIMERA.
Musirá en la orquesta. De todas las avenidas van saliendo pes-
cadores con las capuchas echadas mientras se levantan otros que
están tumbados al lado del muelle.
MÚSICA.
Arriba, muchachos,
que el dia cae ya
y están los pescados
saltando en el mar!
LOS DEL MUELLE.
Muchachos, arriba,
ved que es tarde ya
y es mucha la pesca
y está quieto el mar!
En la fortaleza.
Centinela, alerta!
58 -
Otro mas
lejos.
Alerta está!
Otko mas.
Alerta está!
(Todos reunidos on el foro.)
Unos.
Quién va!
Otros.
Mascali.
Unos.
Tarento está.
Uno.
¿Y Nicolosi?
Otro.
Pronto vendrá!
Uno.
Y el santo y seña?
Otro.
Patria y San Juan!
En la fortaleza.
Centinela, alerta!
Otro mas
LEJOS.
Alerta está!
Otüo mas
Alerta está!
Arriba, muchachos,
el diacae \\a
y están los pescados
saltando en el mar!
La noche es de pesca,
y dice el refrán,
borrasca en el cielo
gran pesca en el mar!
En la fortaleza.
Centinela, alerta!
Otro mas lejos.
Alerta está!
Otro mas. Alerta está!
(Los pescadores se van por el último término de la
izquierda. Por el primero del mismo lado salen Isa-
bel, Carlos y el Capitán.)
ESCENA H.
ISABEL, CARLOS, CAPITÁN.
HABLADO.
Isabel. Nunca estuvo la ciudad
- m -
más tranquila y más contenía.
Garios. Guarda el mar entre sus olas
la tempestad que se ncerca.
Cap. Por qué no lo decís claro
si tenéis más que sospechas?
Carlos. ¡Ay de ellos si pruebas logro!
Isabel. Carlos, tengamos clemencia
por si un día nos conviene
que de nosotros la tengan!
Carlos. Á un pueblo por fuerza esclavo
hay que gobernar por fuerza;
que al vencedor que se duerme
el vencido le despierta.
Isabel. ¿Os enseñan tales máximas
en vuestras largas ausencias?
Cap. Es verdad! Anoche mismo
prometisteis que de vuelta
estaríais muy temprano
y toda la noche en vela
hemos esperado!
..Isabel. El alba
apuntaba...
Carlos. Muy expuesta
tuve mi vida.
ISABEL. (Con ansiedad.) Qué?
Cap. Cómo?
Carlos. Víctima de una sorpresa
me vi amenazado... envuelto.
Cap. Sin vos volvieron las fuerzas
que mandabais...
Carlos. Perdonaron
mi vida, sin ver que en ella
estribaba de su triunfo
la seguridad completa.
Isabel. De un noble á Francia vendido
corre sangre por mis venas;
en vos que odiáis á mi patria
mi alma enamorada piensa.
Pero si Sicilia rompe
su vergonzosa cadena
y vierte toda mi sangre
v mata mi amor con ella
- 60 —
y su libertad recobra,
bendita mi patria sea!
Carlos. Si sois mi enemiga, entonces
¿por qué vuestra alma se empeña
en que os consagre mi vida,
tan distinta de la vuestra?
Isabel. Vil es quien no quiere al sol
que alumbró su edad más tierna;
miserable es quien olvida
la blanda menuda arena
que en sus juegos infantiles
alfombra á sus plantas era;
é infame es quien en su alma
el recuerdo no conserva
del templo en que con su madre
oyó la oración primera.
Nuestra unión era á mis ojos
segura y hermosa prenda
de dicha para Sicilia,
de paz para mi existencia;
pero si en igual balanza
mi patria y amor se pesan,
morirá mi amor mil veces
por grande que mi amor sea!
Carlos. Bien hacéis; así más libre
tal resolución me deja
de buscar en la venganza
satisfacción de mi ofensa.
Isabel. Ciego estáis!...
Carlos. Aún de mi padre
las órdenes que se esperan
no han llegado. — Vuestro tio,
que manda en la fortaleza,
• sabe como yo lo grave
del peligro que nos cerca.
Anunciadle, capitán, (MCapitan.)
que estoy há tiempo de vuelta .
y que necesito verle
en el acto.
Isabel, (á Carlos.) (Antes quisiera
hablaros á solas, Carlos.)
Carlos, (ai Capitán.) Id!... (Á Isabel.) Os oigo!
- (rí -
ísabel. (Estoy resuelta!)
í El Capitán entra en el palacio.)
ESCENA III.
ISABEL, CARLOS.
Isabel. Dicen que los italianos
no tienen la fama vuestra
, para respetar palabras
ni para cumplir promesas;
afirman que los que tienen
sangre española ó francesa,
no manchan con la mentira
su corazón ni su lengua;
con la mano en vuestro pecho,
con Dios en vuestra conciencia,
responded á mis preguntas
y contestad á mis quejas.
Cahlos. Preguntad cuanto os agrade,
que yo os juro dar respuesta
con la verdad en mis labios
y con Dios on mi conciencia.
Isabel. ¿Es cierto que de Sicilia
la santa ludia se acerca?
Carlos. Pedro de Aragón pretende
dejar á Francia sin ella;
no son los nobles vendidos
á la invasión extranjera
ios que la causa del pueblo
a feluz término llevan;
es el mismo pueblo solo
abandonado á sus fuerzas,
el que una señal aguarda
para empezarla pelea
Palermo y Messina á miles
los sediciosos encieran...
y toda la costa,., toda!
hierve en aprestos de guerra.
Isa he ¡ . Si el pueblo á luchar se lanza
y ni un solo punto os deja
donde de la Francia altiva
— 62 —
pueda hondear la bandera,
¿qué pensáis hacer?...
Cáulos. En tanto
que vida y aliento tenga,
luchar en pro de mi patria
y encontrar en esta tierra
tumba para mi cadáver
ó victoria para ella!
Isabel. Aunque del virey sois hijo
nada á pelear os fuerza,
ni podréis ser responsable,
Carlos, de lo que suceda.
Libre sois; esta es mi mano,
y al ir á unirla á la vuestra
os doy vuestra salvación
y mi inmenso amor con ella!
Huyamos, Carlos, huyamos;
dicha y amor nos esperan,
locos son los que en el mundo
sin dicha y amor se quedan.
Cutí os. Comprendo perfectamente
vuestra generosa oferta,
pero si al verme vencido
aceptar fuera prudencia,
hoy indigna cobardía
tan torpe conducta fuera.
Si es inútil oponerse,
Isabel, á nuestra estrella,
dejad correr nuestra vida
por dos diferentes sendas.
Isabel ¡Es hermosa la que os brindo .
y es mortal tal vez la vuestra!
C víaos. Si es que me amáis...
Isabel. Y aún lo duda!
Caiu.os. Venid á encontrarme en ella...
Isabel. Así será...
Caklos. Dios os guarde...
Is\be . (Cómo salvarle pudiera?j
(En liando on el palacio ,
ESCENA IV
CÁ'.LOS.
Su ciego amor no comprende
que á mi alma otro afecto ciega,
y que por lograrle todo
me importa poco en la tierra.
Cuando esta noche la sombra
su tupido manto extienda,
mis soldados en Mascali
entrarán de grado ó fuerza.
Todos los que anoche osaron
amenazar mi existencia,
caerán á mis pies, y entonces
ay de todos, y ay de Nella!
MÚSICA
Su imagen hechicera
trastorna el alma mia;
la mira por do quiera
mi loca fantasía:
enciende más mi fuego
su intrépido rigor,
y es hoy el que me abrasa
incendio asolador.
Por ella de mi vida
perdí la grata calma;
por ella en sed de sangre
ardiendo está mi alma;
ni paz para un pueblo,
ni tregua á su dolor,
á monos que no apague
mi incendio abrasador.
isc por ¡a | uerta del palacio.)
64
ESCENA Y.
NELLA, NASOM, disfrazados, la primera de pescador y el se-
gundo de fraile.
HABLADO.
Nasoni.
Nella.
Nasom.
Neela.
Nasom.
Nelea.
Nasom
Neeea.
Nasom.
Neela.
Nasoni.
Nei.la.
Nasom.
Aquí es!
Entra en palacio.
Pero, y si entrar no me dejan?
Va sabes, «San Juan y patria.»
Bien. Y qué hago luego?
Llegas
á donde alguno te guie;
preguntas por la condesa
Colona, y sólo á ella misma
este pergamino entregas.
Espero...
Sí; de seguro
al momento que le lea
querrá seguirte!...
Tú aguardas.,
En este sitio!
Oye, Nella:
pase lo de los disfrace;:.;
aunque sé que si nos pescan
á tí por mujer te libran
y á mí por fraile me cuelgan.
Pase de esta escapatoria
Ja dudosa peripecia,
mientras ios nuestros conspiran
y los enemigos velan.
Pero el venir á meterse
en la misma madriguera
donde el lobo nos aguarda
eso no pasa ni cuela.
Es preciso!
Pero entonces,
de qué sirvió que yo fuera
el que os di la vida á todos
tocando ayer la trompeta?
65
Te digo que eso no pasa,
que este paso no me alegra;
que aquí venimos de paso
á este paso de tragedia;
que nos pasan sin remedio
si nuestro paso sospechan,
por andar en malos pasos
los que aquí al paso nos vean;
que si tú por todo pasas
á mí este paso me aterra;
marchémonos paso á paso
y que pase lo que quiera.
Nella- Retroceder no podemos.
Nasoisi. Yo sí... tengo buenas piernas,
y aunque cortas, todavía
puedo correr media legua.
Nella. Es fuerza que yo hable al punto
á esa dama!
Nasoisi. Acaso intentas
descubrir á los franceses
el plan de los tuyos?
Nella. Cesa,
Nasoni; antes de venderlos
el cielo arranque mi lengua.
Yo como tú tengo patria,
y es Sicilia; nací en ella,
y su libertad ansio
y su bienestar me alegra.
No vengo á haceros traición,
pero déjame que venga
á pagar, mal que me pese,
de gratitud una deuda!
Sangre inocente en la lucha
se ha de derramar por fuerza;
yo no quiero que esa sangre
caiga sobre mi cabeza!
Nasoisi. Á salvar vienes tal vez
á algún vil que nos acecha!
Nella. Es una mujer!
Nasoni. (convencido.) Bien haces!
Dios nos la depare buena!
Yov.
(Se dirige á la puerta del palacio y dice al centinela.)
(Tengo un miedo terrible!)
(Huí!) «San Juan y patria!»
Neiíi.a. (Entra!)
(Nasoni entra en el palacio. Nella queda sola en la
escena.)
Ahora que mi afán consigo,
por qué mi alma duda y tiembla?
Viere gente! Oh! Dios, son ellos!
Fernando... que no me vean!
(Se esconde, mientras Fernando entra per la izquier-
da con dos pescadores.)
ESCENA VI.
FERNANDO, dos PESCADORES, NELLA escondida.
Kerñ. Disimulad!
Uno. Ya han llegado
todos...
Fern. La hora se acerca.
Si en Palermo han conseguido '
contra las tropas francesas
la victoria, encenderán
allí la primera hoguera,
y de montaña en montaña
aquí llegará la nueva,
si vemos desde esta plaza
arder la cima de Etna.
En dos horas la noticia
cruzará Sicilia entera
si su libertad conquista
á la luz de esas hogueras.
Uno. Y nosotros?
Fern. Si la vemos,
al grito santo de guerra
caemos como un torrente
sobre hs escasas fuerzas ,
del palacio, y si es preciso
se incendia la fortaleza.
Mas si en el volcan callado
la santa luz no se eleva >
— 67 —
al rayar el dia damos
á nuestras playas la vuelta!
Uno. Aquí es la cita!
Fern. . Aquí mismo.
Uno. Separémonos!
Ferjí. Prudencia!
(Fernando se va por la izquierda: los olios por la
derecha. Nella vuelve á salir.)
ESCENA VIL
NELLA.
Oh! no hay remedio, caerían
á sus golpes sin defensa
Jos dos seres que el deslino
de mi corazón aleja!
Si los perdí para siempre,
si amor y amistad se llevan,
dejen en mi alma afligida
de su salvación la prueba.
ESCENA VIH.
NELLA, ISABEL, NASONI, por el palacio.
Isabel. ¡Adonde está quien te envia? (Á Nasoni,)
Nasoni. Aquí la he dejado! Vedla!
Isabel. Nella! Tú y en ese traje?
Neíla." Me importa estar encubierta!
Nasoni — eres libre!
Nasom. Gracias!
(Por tí expuse mi pelleja,
Ellos exponen la suya!)
Nella. (No seré yo quien los pierda! (ají; ios .ios.)
Nasóni. Irás á buscarlos?
Nella. Luego!
¡Ni una palabra siquiera!
Nasom. Convenido.
Nelia. Adiós
NASONI. DCO gracias! (Á Isabel con voz fingida)
— (Ve que es tarde, y que te esperan. )
Isabel. Adiós, padre!
Nasoni. Con el tiempo!
(si me da su mano Andrea.)
Por si ó por no... lo mejor
es que Fernando lo sepa:
si no me expongo á perder
la capucha y las orejas.)
(Se va por la izquierda.)
ESCENA IX '
NELLA, ISABEL.
Isabel. ¿Por qué á verme no has entrado?
Tu alma mi cariño sabe!
Nella. Porque esta entrevista es grave
y tengo el tiempo tasado.
Yo nunca podré olvidar
que vos, ilustre señora,
á esta pobre pescadora
consuelo supisteis dar.
Que vuestra amistad sincera
quiso endulzar mis enojos
y que brilló en vuestros ojos
una lágrima hechicera.
Yo juré pagaros fiel
la amistad que os merecí;
ese era un deber en mí
y hoy vengo á cumplir con él.
Isabel. Habla!
NELLA. Yo! (Turbada.)
Isabel. (Después de una pausa.) Por qué tu acentf
que escucho, enmudece ahora?
Nella. Es que antes de hablar, señora,
necesito un juramento!
Isabel. Di!
Nella. ¿Juráis por esa luz
que aún en los cielos miráis
guardar secreto? ¿Juráis
por el árbol de la Cruz,
no revelar en la tierra
á nadie una frase mia
aun estando en la agonía?
Isabel. Si en mí el secreto se encierra
que guarda tu pecho, juro
no revelarle jamás.
Habla, no vaciles más,
en tí no está más seguro!
Nella. Si de su revelación
dependiera en un instante,
la vida de vuestro amante,
vuestra propia salvacon...
Isabel. Juro no decir jamás
tu secreto.
Nella. Bien hacéis!
Isabel. Habla!
Nella. Oid, cerca del muro
que ciñe vuestro palacio
hay un reducido espacio
entre las sombras seguro.
Es la pequeña escalera
que al mar le sirve baila;
en ella amarrada se halla
una barquilla ligera.
Antes que se acabe el día
con un silencio profundo,
cuanto améis más en el mundo
que esté en la barca: es la mia;
el pescador que está en ella
los riesgos sabrá burlar
y llevaros á alta mar
al brillar la última estrella.
Is abel. ¿Pero qué peligro horrible
que me ocultas amenaza
á los mios y á mi raza?
Nella. Lo que creéis imposible.
En calma está la ciudad
y es su silencio engañoso:
hoy un pueblo poderoso
conquista su libertad.
Huid si estimáis la vida...
pero pronto... sin demora...
antes que llegue la hora
- 70 -
por los mios convenida.
Creed que los sicilianos
si se ven al fin vencidos,
á.todo están decididos
por vengar á sus hermanos.
Harán á los vuestros trizas,
y aunque Francia los venciera,
mañana, Sicilia entera
será un montón de cenizas.
Isabel. Oh! sí! yo haré por salvar
á Golona aunque no quiera.
Nella. Huid!
Isabel. Mas de qué manera?
Nella. No hay más camino que el mar.
Isabel. Temiendo la rebelión,
¿cómo han de partir de aquí?
Nella. Dadle un falso aviso.
Isabel. Oh! sí!...
Nella. Afirmad que es la ocasión
de sorprender descuidados
á los que el grito darán
en la falda del volcan.
Isabel. Sí!...
Nella. Y una vez embarcados
podéis salvar vuestra vida,
mientras en balde se lanza
á conseguir su venganza
nuestra plebe enfurecida...
Isabel. Ese falso aviso, si...
Nella. Salvaos, señora...
Isabel. Oh!
¿cómo te pagaré yo
lo que hoy has hecho por mí?
Nella. Fácilmente!
Isabel. Di!
Nella. Señora,
un hombre á quien salvar quiero.
Te fio! Es un extranjero...
Isabel. Su nombre...
Nella. v Mi alma le adora.
Olvido el terrible estrago
que en el alma por él llevo;
sólo lágrimas le debo,
y con salvarle le pago.
Isabel. Juro salvarle... su nombre?
Nella. Carlos Fox.
Isabel. (Sorprendida.) Repítele.
Nella. Carlos Fox.
Isabel. (Con ira.) Calla!
NELLA. (Admirada.) No sé
que hay en eso que os asombre!
Isabel. Es ese hombre el de la historia
que me contaste en tu aldea?
Nella. Descuidad, aunque lo sea,
ya no existe en mi memoria.
Isabel. Por qué turbas mi reposo?
Nella. ¿Qué hay en eso que os espante?
Isabel. Ese tu olvidado amante
es mi prometido esposo!
MÚSICA.
Nella. Oh! Dios! qué oí!
Isabel. Ese hombre era tu amante!
Nella. Yo suya nunca fui.
Le amé sin esperanza,
y de él, señora, huí
el día que en sus labios
su nombre descubrí.
Mi pecho será siempre
sepulcro de mi amor,
que aun para hacerle vuestro
salvarle quiero yo.
Isabel. Tu imagen le apartaba,
ingrato, de mi fe,
y aleve retardaba
)a dicha que soñé.
Vencerme generosa
hoy quiere aquí tu amor;
no sea suya nunca
ninguna de las dos.
— 72
Nella.
Tienda la noche
su oscuro manto,
y de Sicilia
huid con él.
Sed venturosos,
que yo aquí sola
mis tristes sueños
olvidaré.
SABEL.
Cuando la noche
tienda su manto,
yo de estos sitios
le alejaré.
En salvo y libre
dichoso sea,
que yo á tu lado
sufrir sabré.
Nella .
No tal, no tal.
Isabel.
No has de ser tú más noble
que tu rival.
Las dos.
Tienda la noche, etc.
Isabel.
Cuando la noche, etc.
ESCENA X.
DICHAS, NASONI, corriendo por la derecha.
HABLADO.
Nasoni.
Nella.
Isabel.
Nasoni.
Nella.
Nasoni.
Pronto, Fernando me sigue
y va á descubrir el lio.
Qué dice?
Quién es este hombre?*
Un pobre fraile postizo
con más miedo que vergüenza,
que morirá en este sitio
de un trastazo de los vuestros
ó de una coz de los mios!
Vamos!
Escóndete al menos;
si te vé somos perdidos...
— 75 —
yo tal vez pueda escaparme!
Isabel. Dice bien... ven!
Nella. Es preciso
que me reúna con ellos.
El tiempo vuela!
Isabel. Aquí mismo
saldrás, cuando no te espíen.
Nasoni. Yo vendré por tí... Ay Dios mió!
(Mirando por la derecha.)
Él es!...
Nella. Un momento sólo!
ISABEL. Sí, Ven! (Las dos entran en el palacio.)
Nasoni. (Dominus vobiscum.)
(Rezando entre dientes.)
ESCENA XI.
FERNANDO, NASONI.
Al ir á marcharse Nasoni por la derecha, Fernando le detiene.
Fern.
Quieto!
Nasoni.
Hermano... Dios le guarde!
(Echándose la capucha y disfrazando la voz.)
Fe un.
Quién te ha dado ese vestido?
Nasoni.
Yo!...
Fern.
Qué te trae á esta plaza?
Nasoni.
Pero, señor, quién le ha dicho?...
Fern.
Dónde está Nella!
Nasoni.
Yo ignoro!...
Fern.
No mientas.— Há que te sigo
media hora.
Nasoni.
Qué demonio!
(Descubriéndose y con fingida alegría.)
no te habia conocido!
si antes me hubieras llamado!
Y qué tal? va bien?
Fern.
Resisto
mal mi cólera! habla pronto!
Acaso vienes, inicuo,
á vender al extranjero
la vida de tus amigos?
— 74 -
Nasoni. Poco á poco! Yo soy feo!
yo soy tonto! convenido!
Yo soy cobarde — conformes!
soy necio — lo mismo opino!
pero ni soy un tunante
ni un traidor... Anoche mismo
os salvé á todos! y antes
que vender en el peligro
á quien su amigo me llama,
me dejo desollar vivo!
Fern. Qué haces aquí entonces! Habla!
qué es de Nella!
Nasoni. Con suspiros,
con lágrimas y con ruegos,
este traje vestir me hizo;
la he acompañado al palacio;
allí está ahora!
Feun. Dios mió!
tanto el amor le ha cegado
que habrá á Palacio venido
para entregarnos á ese hombre!
Nasoni. Como injusto eres conmigo,
serás con ella!...
Fern. Cuál puede
ser entonces su designio?
Ama al hijo del virey,
al que ayer por ella dimos
libertad y vida! ¡Cómo,
imbécil, no has comprendido
que para salvarle tiene
por fuerza que descubrirnos?
Nasoni. Es imposible! Ella misma
me lo ha jurado...
Fern. Ah! te ha dicho?..
Nasoni. Sí; que me tiara de ella!
Fern. Créela!... estamos vendidos!
¡Maldito el hombre que necio
fia á un pecho femenino
secretos de honra y de patria,
y débil pone el cariño
en mujer que amando á otro hombr
da su deber al olvido!
- 75
Nasoni.
No puede ser— tú te engañas,
ella es buena!
Fern.
Ven conmigo!
huyamos de aquí!
Nasoni.
Y la dejas?...
Fern.
Si es su proceder indigno
antes cortaré mi lengua
que escuche el acento mió.
Ahora Sicilia nos llama,
cúmplase nuestro destino!
Nasoni.
Hágase tu voluntad!
yo ya sé cuáles el mió!
Fern.
Cuál?
Nasoni.
Ser el primer patriota
á quien rompan el bautismo!
Ah! mírala! (Viendo salir á Nella de palacio.)
Fern.
Quieto — deja ..
que salga— venganza!
(Retirándoee al foro con Nasoni sin que ella los vea
.)
Nasoni.
Juicio!
ESCENA, XII
FERNANDO, NELLA, NASONI.
Nella. Colona y él irritados
al creer el falso aviso
de que en Mascali esta noche
dan de rebelión el grito,
salvarán en alta mar
sus vidas: ¡gracias, Dios mió!
Sálvese su vida al menos
ya que su amor he perdido!
(AI ir á salir por la derecha Fernando la detiene.
Fern. Detente, Nella!
Nella. Fernando!
Fern. Eres tú misma?
Nella. (Ay de mí!) (Turbada.)
Fern. De dónde vienes así,
sola, pálida y temblando?
La que á su patria aborrece
y la que su nombre infama,
- 76 -
¿dime tú cómo se llama
y qué castigo merece?
Por qué llevas á tu frente
para borrar tu delito
en roja vergüenza escrito
tu pálida mano ardiente?
Dime, si no te da enojos
tu conciencia avergonzada,
¿por qué escondes tu mirada
de los rayos de mis ojos?
¿Dime, Nella, á qué has venido;
dime quién te ha aconsejado,
y dime cuánto te han dado
(Cotí desprecio.)
por la sangre que has vendido?
NELLA. Oh! (Cubriéndose el rostro cotilas manos.)
NaSON!. Femando! (Conteniéndole.)
Fern. ¡Ven aquí,
(Cog-iéndola del brazo.)
miserable, á quien ni un dia
mi pobre madre queria
dar menos besos que á mí!
Infame, á quien neciamente
dimos pan, familia y lecho
y escondida en nuestro pecho
lo mismo que una serpiente
revivió á nuestro calor,
se adormeció en nuestro hogar,
y hoy nos clava al despertar
su diente envenenador!
Bien has hecho en esconder
hoy tu femenil vestido,
¡tal crimen nunca ha cabido
en entrañas de mujer!
Nella. Loco y obcecado estás.
¿ern. Delator, de dónde vienes?
\iella. Mátame si razón tienes
pero no me insultes más!
Si yo salvar he querido
á un extranjero indefenso
de tu venganza, no pienso
que un crimen he cometido!
— 77 -
Un juramento sagrado
ha exigido mi secreto.
Fern. ¿Será tu amante discreto
á la fe que te ha jurado?
¿crees que te tendrá amor
aunque artero te lo diga?
¿crees tú que acaso obliga
lo que se ofrece á un traidor?
Nuestro secreto vendido
se aprestará á la venganza,
y si en ciega confianza
nuestro pueblo inadvertido
hoy ataca á sus tiranos,
por tu infame delación
manchará tu corazón
la sangre de tus hermanos!
Nella. Oh! qué he hecho yo! (Aterrada.)
Nasoni. ¡Tal vez sea
tiempo de avisarlos!
Fern. Ya
es tarde! Mejor será
sucumbir en la pelea,
dando honrosa sepultura
al que con nosotros vaya,
que encontrar en nuestra playa
muerte afrentosa y segura.
Nella. Yo quiero morir contigo!
FERN- ¡Huye! (Rechazándola.)
Nella. ¿No ves mi tormento?
Fern. Tu eterno remordimiento
será mi mejor castigo:
Nella. ¡Piedad!
Nasoni. Fernando!
Fern. Ellos son!
(Rumor por la derecha.)
Nella. Oh Dios! (Aterrada.)
Fern. Por tí á morir van.
Nella. Ah!
Fern. Pero antes lanzarán (Fuera de sí.)
sobre tí su maldición.
(Entran por la derecha todos los pescadores y !as
mujeres del pueblo disfrazadas con capuchones de
— 78 —
marineros en ademan receloso y con misterio y agi-
tación: Nolla se retira temblando á la izquierda^
Nasoni permanece á su lado; Fernando se queda en
medio de la escena: anochece.)
ESCENA XIIL
NELLA, FERNANDO, NASOM, PESCADORAS y PESCADORES.
MÚSICA.
Todos. Fernando, es la hora. (En voz baja.)
Fern. Venid!
Nella. Áh!
Fern. Llegad!
Nasoni. Ya cierran las puertas.
(Señalando á las del palacio, que se cierran despue
de retirar los centinelas.)
Todos. Silencio!
(Repartiéndose por la escena para observar )
NELLA. Piedad! (Suplicante á Fernando,)
Fern. Salvando á tu amante
la muerte nos das,
no habrá en nuestros pechos
perdón ni piedad.
UNOS. Ya tiende la noche (Volviendo á reunirse.
su negro cendal.
Otros. La hoguera del Etna
no da la señal.
Fern. Venid á mi lado,
OÍd, eSCUChad. (Todos le rodean.)
NELLA< Piedad! (Arrojándose á sus pies.)
Fekn.
Nella,
Todos.
Fern.
Esta mujer infame
que llora así á mis pies,
es la culpable amante
del hijo del virey.
NO tal. (Levantándose.)
Oh Dios! es Nella. (Reconociéndola.)
Y por salverle audaz
vendiéndonos á todos
ha dicho nuestro plan.
— 79 -
Todos. Perdidos estamos
(Queriendo huir aterrados.)
Ffrn. Ya no hay que cejar, (Deteniéndolos.)
al menos sepamos
morir y matar.
CORO DE HOMBRES. (Dirigiéndose en ademan amenazado!
Nella.)
Sobre tu frente impura
hoy Dios hará caer
la sangre que á torrentes
aquí se va á verter.
CORO DE MUJERES. (Adelantándose solas hacia Nell
El llanto de las madres
caerá sin compasión
quemando para siempre
tu infame corazón.
Nella.
Piedad, yo no he querido
_ haceros hoy traición,
y guarda un juramento
mi horrible delación.
Feks.
Atrás, deja que mueran
al menos con valor
aquellos que hoy entregas
al hierro matador.
Á UN TIEMPO.
Fewn.
Atrás, etc.
Nella.
Piedad, etc.
Nasoni.
Piedad, etc.
Mujs.
El llanto, etc.
ÜOMBS.
Sobre tu frente, etc.
(Sigue la música en la orquesta.)
HABLADO.
Fer5.
Aparta.
Nasom.
Ruido de remos.
— 8U -
Fern. Nos cercarán por el mar!
(Nella corre á los pilares del foro y mira al mar es-
condiéndose.)
Nasoni.
No podemos escapar.
Fern.
Oh! caros nos venderemos!
Nella.
(Ellos son! ya nada espero;
mar que te llevas mi alma,
déjame cumplir en calma
mi sacrificio postrero.)
(Bajando con rapidez al proscenio.)
Fernando, me has acusado
de traición, me has ofendido...
■ yo te perdono y olvido
el daño que me has causado!
Fern.
Qué quieres decir?
Nella.
¡Que juro
que vuestro enemigo ignora
vuestro proyecto, y que ahora
es vuestro triunfo seguro!
Fern.
(ap. á Nella.) (Huye... yo leseguiré.)
Nella.
Nada sabe.
Fern.
Tú quizás
con él te reunirás...
Nella.
Nunca!
Fern.
Muerte le daré.
Nella.
Cuando yo á tu lado estoy
y él con otra huye de aquí,
¿no comprendes que ya en mí
su recuerdo muere hoy?
Fern.
Ah! perdón!) Venid acá... (Á ios pescado
he sido un loco.— Creia
sinrazón que nos vendía.
•es.)
Na son i
El monte apagado está.
Fern.
No esperáis inútilmente.
Nella.
Qué lejos van... muerta soy.. .
Irá con ella!
Isabel.
(Saliendo del palacio.) Aquí estoy...
..;.:
81 —
ESCENA XIV.
DICHOS, ISABEL, por el palacio.
Nella. Ah!...
Isabel. Se salvó!
Fern. Era inocente!...
Isabel. Sólo tengo tu amistad...
pues mi dicha perdí entera!...
LAS DOS. ¡AdiOS! (Mirando al mar.)
MUSIDA-
En este momento se ve brillar la hoguera en la cima del Etna en
lontananza. — Cruza á lo lejos por el mar una barca, en la que
figuran ir Carlos y Colona.)
Fern.
Todos.
Nella.
Las dos.
Todos.
La hoguera]
La hoguera!
Ah!...
Sicilia y libertad!
Sicilia y libertad!
(Al ver la hoguera todos los pescadores sacan sus ar-
mas; las mujeres echan atrás las capuchas y desen-
vainan sus puñales; al primer grito de Fernando, el
pueblo invade la escena con hachones encendidos, en-
tusiasmo general: cae el telón.)
FIN DE LA ZARZUELA
cenicienta.
a.
3l almadreno.
[el vicio.
)s de viento.
de Ccrrelargo.
oro.
regimiento,
le mi mujer,
ijos.
adres.
1 Rey Rene.
IJOS.
de Muríllo.
fea.
za de Calaña,
esila.
de la vida.
cGaran.
in piloto.
s.
en el campamento, 6
e África.
)S.
eros de la niebla,
do matrimonio. -
le Babel.
él gallo,
lüdiencia.
alba ¡a.
limada.
ios (refundida.)
o.
fl¡ sobrina
■rLano.
laria
H8J8.
vista de pajar o.
f hojuelas.
le Polonia .
,a Emparedada.
Miserias de aldea
Mi mujer y el primo.
Negro y Blanco.
Ninguno se entiende, ó un hom-
nre tímido.
Nobleza contra noble/a.
No es todo oro lo que reluce.
No lo quiero saher.
Nativa.
Olimpia.
Propósit de enmienda.
Pescar á rio revuelto.
Por ella y por él.
Para beridas las de honor, ó el
desagravio del Cid. , i
Por la puerta del jardín.
Poderoso cabal leí o es 1). Dinero.
Pecados veniales . * ¡
Premio y castigo, ó la conquis-
ta de Honda. ¡
Por una pensión.
Para dos perdices, dos.
Préstamos sobre la honra.
Para mentir las mujeres.
¡Que convido al Coronel.',..
Quien mucho abarca.
¡Qué suerte la mia!
¿Quién es el autor? ]
¿Quién es el padre?
Eebeca.
Ribal y amigo.
Rosita. . j
Su imagen.
Se salvó el honor.
Santo y peana.
San Isidro (Patrón de Madrid.)
Sueños de amor y ambición. ;
Sin prueha plena.
Sobresaltos de un marido.
Si la muía fuera buena.
Tales padres, tales hijos.
Traidor, inconfeso y mártir.
Tíhbjai por cuenta ajeua
Tod unos.
Torbellino.
Unamor á la moda.
lina conjur ación femenina.
Un dómine como hay poros
Un pollito en calzas prietas.
Un huésped del otro mundo.
Una venganza leal.
Una ((infidencia alíahclica.
Una noche en blanco.
Uno de tantos.
Un marido en eusrtc.
Una lección reservada.
Ii n marido s ustulo.
Una equivocación.
Un relratro á quema repa
¡Un Tiberio!
Un loho y una raposa.
Una renta vitalicia. .
Una llave y un sombrero.
Una mentira inocente.
Una mujer misteriosa.
Una lección decolle.
Una falla.
Un paje y un caballero
Un si V un no.
Una lágrima y un beso.
Una lección de mundo.
Una mujer de historia.
Una herencia completa.
Un hombre fino.
Una poetisa y su marido.
¡Un regicida!
Un marido cogido por los v,ú>e-
líos.
Un estudiante novel.
Un homhrc del siglo.
Un viejo pollo.
\er y no ver.
Zamarrilla, ó los bandidos de la
Serranía de Ronda.
ZABZUELAS.
Me doro
buena ley.
s feo.
cuchilladas
la Gitana.
Marte. •
ora.
ido.
quita.
uto, ó el Alcalde pi-
al.
le una ópera,
r la maja.
!I hortelano,
en Marruecos,
la ratonera.
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español.
feliz.
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nono. !
líelo de un pollo i
y Valdcmoro.
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la calle Mayor,
del oro.
El mundo nuevo
El hijo de !>. José.
Entre mi mujer y el primo.
El noveno mandamiento.
El juicio final.
El gorro negro.
El hijo del Eavapies.
El amor por los cabellos.
El mtndo.
El Paraíso en Madrid.
El elixir de amor.
El sueño del pescador.
Giralda.
Ilarrv el Diahlo;
.'uan Lanas. [Música.)
Jacinto
la litera del Oidor.
ha noche de ánimas.
La familia nerviosa, ó el suegro
ómnibus
Las bodas de Juanita. (Música.)
Los dos flamantes.
La modista.
La colegiala.
Los conspiradores.
La espada de Bernardo.
La hija de !a Providencia.
La roca nc gra ,
La estatua encantada.
Losjmiinos del Buen retiro.
Loco de amor y en, la corte.
La venía encantada.
La lora de amor, ó las prisiones
de Edimburgo.
La Jardinera. [Músicas
La toma dcTetuan.
La cruz del valle.
La cruz de los Humeros.
La Pastora déla Alcarria.
l,i herederos.
La pupila-
Los uceados capitales.
La gitanilla.
La artista.
La casa roja.
Los piratas.
La señora del sombrero.
La mina de oro.
Maleo y Matea.
Morelo. (Música. 1
Mati'de y Malch-Adhel.
Nadie se muere hasta que Dics
uniere.
Nadie toque A la Reina.
Pedro y Catalina.
Por sorpresa.
Por amor al prójimo
Peiuquere y marqués . "
Pablo y Virginia.
Retrato y original.
Tal para cual.
Un primo.
Una guerra de familia.
Un cocinero.
Un sohrino.
Un rival del otro mundo.
Un marido por apuesta
Un qninto y un sustituto
PUNTOS DE VENTA Y COMISIONADOS PRINCIPALES.
PROVINCIAS.
Albacete.
4 le ala de Henares,
Alcoy.
Algeciras.
Alicante.
Almagre
Almería.
Andújar.
Antequera.
Aranjuez.
Avila.
Aviles.
Badajoz.
Baeza.
Barbastro
Barcelon'a.
Bejar.
Bilbao,
Burgos.
Cabra*
Cacares.
Cádiz.
Calatayud.
Canarias.
Car mona.
Carolina.
Cartagena.
Castellón.
Castrourdialet.
Ceuta.
Ciudad-Real.
Córdoba.
Coruña.
Cuenca.
Ecija.
Ferrol.
Figueraa.
Gerona.
Gijon.
Granada.
Guadalajara
Habana.
fiar o.
Huelva.
Huesca.
Trun.
Játiva.
Jerez.
León.
Lérida.
Linares.
■Logroño
Lorca.
R. S. Pérez
Z. Bermejo.
J. Marti.
R. Muro.
J.Gossart.
A. Vicente Pérez.
¡VI. Alvarez.
A. Casas.
j. A. de Taima.
j. Gulioii.
S. López.
M. Romaa Alvarez.
F. Coronado.
J. R. Segura.
G. Corrales.
vnida de Bartumcus y
Cerda.
J Genova.
E. Dehnns.
T. Arnaiz y A. Hervías.
B. Montoya.
II. tí Pérez,
Verdugo y Compañía.
F. Molina.
F. Maria Poggi, de Santa
Cruz de Tenerife.
I, M. Eguiluz.
E. Torres.
A. Mellado y Orcajada
J. M. de Soto.
L. Ocharán.
M. García de la Torre.
P. Acosta.
C Barbenni, y M. García
Lo verá.
J. Lago.
M. Mariana.
J.Giuli.
N, Taxonera.
M. Alegret.
F. Dorca.
Crespo y Cruz.
J. M. Faensalida y Viuda
ó Mijos de Zamora.-
R. Oñana.
N. Ceballos.
P Quintana.
5. P. Osorno.
rt. Guillen.
R. Martínez.
J. Pérez Fluixá.
?. Alvarez de Sevilla.
Miñón Hermano.
J.So! é hijo.
J. Orellana y Sánchez.
P.Brieba.
A. Gómez.
Lucena.
Lugo.
Manon.
Malaga.
Manila (Filipinas).
Mataré.
Mondoñedo.
Mantilla.
Murcia.
Ocaña.
Orense.
Orihuela.
Osuna.
Oviedo.
Patencia .
Palma de Mallorca.
Pamplona.
Pontevedra.
Priego (Córdoba. I
Puerto de Sta. Maria.
Puerto-Meo
Requena.
Reus.
Rioseco.
Ronda.
Salamanca.
San Fernando.
S. Ildefonso(La. Granja)
Sanlúcar.
San Sebustian.
S. Lorenzo. (Escorial.)
Santander.
Santiago.
Segovia.
Sevilla.
Soria.
Talavera de la Reina.
Tarazona de Aragón.
Tarragona.
Teruel.
Toledo.
Toro.
Trujillo.
tudela .
Tur.
Ubeda.
Valencia.
Valladolid.
Vich.
Vigo.
nilanueva y Geltrú.
Vitoria.
Zafra.
Zamora.
Zaragoza.
J. B. Cabezas.
Viuda de Pujol.
P. Vincnt.
J. G. laboadela y r.
Moya.
M. Planas.
N. Clavell.
Viuda de Delgado.
D, Santolalla.
T. Guerra y Hereder
de Andrion.
v.Calvillo.
•í. Ramón Pérez.
J. Martínez Alvarez.
V, Montero.
J. Martínez.
Peralta v Menendez.
P.J.Gelábert,
S. Ríos.
J. Buceta Solía y Coirp
I. de la Gámara.
P. A. Rafoso.
J.Hcstre, de Mayagücz
C. García.
J. Prius:
M. Prádanos.
Viuda de Gutiérrez,
R. Huebra.
J. Gay¿
J. Aldrete.
|. de Oña.
A. uar raída
S. Herrero.*
C. Medina.
B. Escribano.
L. M. Salcedo.
F. Alvarez y Comp.
F. Pérez Rioja.
A.Sanchez de Castro.
P. Veraton.
V.Font.
F. Baquedano.
.1. Hernández.
L. Población.
A. Herranz.
M. Izalzu.
E. Cruz Hermanos.
T. Pérez.
I, García, F. Navarro y
Mariana y Sanz.
D. Jover y II. de Rodrigo
Soler, Hermanos.
M. Fernandez Dios. -
L.Creus.
J. Oquendo.
A. Oguet.
V. Fuertes.
L üucassi, S. Comin
Comp. y V. de Heredia
MADRID.
Librerías de la Viuda é Hijos de Cuesta, y de Moya y Plaza, cali
de Carretas; de A. Duran, Carrera de San Gerónimo; de L. López, calí
del Carmen, y de M. Escribano, calle del Príncipe.